Cuando das todo sin reservas es cuando corres el mayor de los riesgos: que te rompan el corazón en mil pedazos.
Este verano en un trabajo en un hotel lejos de mi ciudad, conocí a un compañero unos 10 años mayor que yo. Nos llevábamos genial, nos reíamos muchísimo y las horas de trabajo se hacían más amenas. A mí me gustaba pero sabía que estaba casado y tenía una hija así que yo prefería tomarme a risa sus comentarios, que poco a poco fueron siendo más de tonteo que otra cosa. Me tiraba la caña, básicamente: miraditas, que si huelen los pasillos a ti, que si estás muy guapa hoy, etc. Lo veía todos los días, por lo tanto, no era capaz de frenar lo que sentía por el.
Hasta que un día me hizo un par de comentarios más subidos de tono que me hicieron plantearme mi postura. Me llevó a casa en coche y saqué el tema. Él me dijo que no podía, que sería injusto para los dos y que él no era ‘de esos’.
A pesar de esta conversacion los siguientes días no cambió para nada su actitud, seguía dándome sustos, tocándome el brazo, la cintura, etc. Y yo no sabía qué pensar porque yo me mantenía muy distante.
Al paso de los días la cosa se fue normalizando y volvimos a estar como antes y cuando llegó el momento de despedirse porque yo ya me iba en dos días a mi ciudad, estando los dos solos me dio un abrazo larguísimo y me dijo que me iba a echar de menos.
Al día siguiente volvimos a coincidir en mi último día de trabajo y se fue sin decirme ni adiós mientras yo estaba en otra parte. Cuando me dí cuenta me entró una tristeza…
Tanto que le escribí una nota diciendole que no estaba de acuerdo con su decisión de no despedirse ni con un simple ‘buen viaje’ pero que deseaba que le fuese muy bien en la vida y que fuera feliz.
Sali del trabajo, volví al piso y por la noche unas compañeras me dieron algo que me había mandado él: era una cajita sellada para que no la abriera nadie y dentro había una carta llena de flores. En la carta me decía que él pensaba que me vería en la cena en el hotel y que viendo que no era así que me mandaba un abrazo, un beso y que deseaba que consiguiera todos mis objetivos. Ese ha sido el detalle más bonito que me han hecho nunca.
Dos días más tarde, cuando yo ya estaba en mi casa me llegó un mensaje de una compañera diciendome que lo notaba triste porque yo no estaba. Me preocupé y le mandé un whatsapp. Su contestación fue tan fría y distante que me quedé de piedra y le dije que no entendía su reacción después de todo.
Al día siguiente me habló su mujer, que le había cogido el movil. Me acusó de haber roto su familia y me instó a explicarle qué significaba ‘después de todo’. Me llamó por teléfono en un interrogatorio en el que descubrió que su marido le había mentido en todo en relación a nosotros pero ella no sabía nada de la carta y las flores. Aunque me dijo que antes de mí ya hubo ‘otra’ y que lo dejaba.
Fueron unos días durísimos en los que vivía pegada al movil por si él me llamaba y me pedía perdón o me daba alguna explicación.
Ha pasado un mes de todo eso y yo aunque estoy en el extranjero no he podido quitarme de la cabeza esta situación porque me quedaron en el tintero muchas cosas por decirle porque esto no se hace; jugar así con los sentimientos de una persona. Así que le hablé y le pedí que cuando pudiese me llamara por whatsapp. Su contestación? Bloquearme. Increíble pero cierto. Esto es un hombre? Esto tan cobarde? Yo no puedo creerlo.
Me va a costar tiempo recuperarme porque me ha hecho mucho daño y lo peor es que el verano que viene vuelvo a trabajar en el mismo lugar.
Ya no sé que pensar, qué sentir, porque me ha dejado totalmente vacía.