Hola a todos,
Hoy vengo a pediros un consejo sincero sobre un tema un poco espiritual, que me tiene removida por dentro.
En mi infancia pasé mucho tiempo con un vecino del barrio que me cuidaba mientras mis padres trabajaban. Era un hombre sin hijos ni familia cercana. Cuando yo tenía unos 10 años, enfermó, y mi madre lo cuidó hasta el final de sus días.
Tengo recuerdos preciosos de él. Gracias a él descubrí la pintura, la literatura, el amor por el arte… Fue una figura muy importante para mí, casi como un abuelo.
Uno de sus últimos días fui a verle. Pasamos la tarde juntos, hablando y acompañándonos. Cuando me despedí, ambos sabíamos que era la última vez que nos veríamos. Aquel adiós fue uno de los momentos más duros de mi vida. Lo abracé fuerte y me fui, mientras él se quedaba sentado en su sillón.
Al llegar a la puerta de la calle, lo oí llorar y decir mi nombre. Quise volver, pero la enfermera me pidió que no lo hiciera, que necesitaba tranquilizarse y descansar. Desde entonces me arrepiento cada día de no haber vuelto a entrar para darle otro abrazo.
Han pasado 25 años, y aún así lo tengo muy presente. Le hablo a mis hijos de él, lo recuerdo en los momentos importantes de mi vida. No pude ir a su entierro —mis padres pensaron que era demasiado pequeña— y con el tiempo dejé de pensar en eso, aunque nunca en él.
Recientemente me he mudado, y por casualidades de la vida, me he enterado de que está enterrado en un cementerio que queda a solo 45 minutos de donde vivo ahora.
No sé exactamente dónde está su tumba. He intentado contactar con el ayuntamiento por si pudieran darme alguna información, pero no he tenido respuesta. Tal vez la ley de protección de datos no lo permita, ya que no éramos familia. También he pensado en ir y darme un paseo por el cementerio, por si de alguna manera lo encontrara… o por si el destino me guiara hasta él.
Pero desde que sé esto, no dejo de darle vueltas. Parte de mí siente que debería ir, pero otra parte teme hacerlo. Me atormenta pensar que quizás él esté enfadado conmigo por no haber vuelto ese último día. Que no me haya perdonado.
Al contarlo con algunas amigas, me dicen que los muertos hay que dejarlos ir, que no hay que remover esas cosas…
No lo sé. Siento que me estoy obsesionando con el tema y hasta me da un poco de miedo.
¿Vosotros qué haríais en mi lugar? ¿Iríais a visitar su tumba, después de tanto tiempo?
Gracias por leerme.
