Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
La historia comienza poco después de separarme de mi marido. Tras 7 años juntos y un perro al que los dos adoramos en común, decidimos que es mejor que cada uno se vaya por su lado, ya que nuestros objetivos vitales se han distanciado seriamente y ahora mismo estamos de acuerdo en el que la idílica idea que teníamos de crear un futuro juntos es ahora mismo incompatible.
Me quedo en el piso de alquiler en el que convivíamos y él se busca otro a unos 20 minutos caminando de mi zona. Como ya he mencionado, tenemos un perro en común, Peluso, y aunque a efectos veterinarios está a su nombre, ya que la ruptura es acordada y seguimos llevándonos bien, decidimos compartirlo.
Aquí empieza la salsa. Él me da unas llaves de su casa y se queda con las de la mía, ya que por el perro, puede ser que necesitemos ayuda el uno del otro en algún momento. En alguna ocasión hemos tenido que recurrir a esas llaves, si salimos tarde del trabajo y el perro lleva mucho tiempo solo en casa, le pido el favor de que lo saque y viceversa, si surge algún imprevisto o si algún plan se alarga y el otro está disponible también hace el favor de pasear al perro.
La cuestión es que hace un tiempo que he empezado a observar que cuando le pido favores de este tipo, la casa no está siempre tal y como yo la deje. Al principio cosas del tipo…la puerta del armario está abierta, cosas que ni siquiera me importaban o de las que no me daba ni cuenta, pero otras la cama deshecha parcialmente o un maletín abierto fuera de su sitio. Desgraciadamente para él, tengo muy buena memoria, y aunque puedo cometer errores, estaba segura que no había sido yo. Él por suuesto lo negaba rotundamente y me decía que serían despistes míos. A pesar de discutir varias veces sobre el tema no tenía manera de probarlo y la realidad era que necesitaba que mantuviese las llaves para venir a por el perro en los casos que os comentaba antes.
La historia se complica cuando empiezo a ver que este tipo de “despistes”, empiezan a pasar cuando no hemos quedado en que viniese a buscar a Peluso. El sabe perfectamente mis horarios, especialmente de trabajo y clases de pilates, y ya van dos veces en los que entro en casa y veo cosas que yo no he dejado así: carpetas donde guardo las facturas fuera del sitio, ordenador encendido con mi whatsapp web abierto, incluso el cajón de las bragas se notaba que estaba revuelto. No tengo forma de probar nada de esto, pero me estoy planteando seriamente poner una cámara grabando mientras estoy fuera. La lógica me dice que la única persona que tiene llaves de mi casa es él, y que por tanto, tiene que ser él (aunque con la de pruebas que deja, me parece muy poco avispado por su parte). Si se lo hecho en cara, va a volver a tratarme de loca y vamos a discutir otra vez y lo cierto es que por mi horario de trabajo necesito que me ayude con el perro en alguna ocasión, al menos de momento. Por otra parte, me dan ganas de cambiar la cerradura y cortar por completo la relación, pero en ese caso hablamos de temas más complicados en los que posiblemente dejaría de pasar tiempo con mi perro, y no estoy dispuesta. Estoy un poco en una encrucijada y no sé que hacer. ¿Alguna idea?