llevaba días buscando el momento para decírselo porque no es algo que se manda por audio ni se suelta en un grupo.
necesitaba verla así que quedamos el jueves en nuestro sitio tranquilo, yo llegué a la hora y estuve cuarenta minutos mirando la puerta hasta que apareció con su «perdona es que me entretuve» sabiendo que me habían hecho las pruebas y que tenía los resultados.. y se sentó y pidió vino y empezó a contarme lo del entretenimiento antes de que yo pudiera decir nada.

cuando por fin le conté lo del diagnóstico se quedó un momento seria y me dijo «dios mío qué fuerte». me preguntó cómo estaba, le dije que asustada y me dijo que lo entendía, pero en cinco minutos ya estábamos hablando de lo suyo.
no fue brusco ni malo ni con mala intención, fue esa cosa que pasa cuando alguien no sabe quedarse en algo incómodo y sin darse cuenta lo esquiva. para cuando pedimos postre yo llevaba un rato contestando preguntas sobre su trabajo y su pareja y su madre mientras mi diagnóstico seguía ahí, en el centro de la mesa, sin que nadie lo mirara.
me fui a casa con la misma cosa dentro que cuando había llegado, como si no lo hubiera dicho.
se supone que es la persona que va a appoyarme toda la vida porque somos mejores amigas, somos familia, y ahora que me ha pasado esto no sé si ella va a ser capaz y me veo muy sola