Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]:
Buenos días, Sizelovers; os suelo leer el FB y os mando mi historia por leer otros puntos de vista, ya que todo suma.
Soy una mujer de cincuenta años, me quedé viuda cuando mis hijos eran muy pequeños y ellos son mi prioridad. En este tiempo he tenido relaciones diversas, unas más largas, otras esporádicas, todas bien. Hace dos años conocí a mi pareja; como vivimos a distancia nos fuimos tanteando y la relación fue encajando. Desde el principio he sido clara: no me gustan las bodas, ni la convivencia, ni la pareja en el sentido clásico de la palabra. Ya he tenido la experiencia romántica del “hasta que la muerte nos separe” y no quiero más. A mi chico lo quiero, lo respeto, hemos llegado a acuerdos de fidelidad y cuando estamos juntos todo es maravilloso.

El problema es que estar separados sólo es bueno para mí; el lo lleva cada vez peor. Discutimos por su ansiedad antes de separarnos, está intratable. Tiene mucha vida fuera pero el tiempo sólo le pasa factura. Encontrarnos supone hacer planes y programar unos días para que compense y ambos tenemos responsabilidades laborales y yo, familiares.
Me conozco: lo quiero con locura y disfruto horrores pero estoy empezando a recular por evitar estas situaciones, dejo de ser yo y sé que acabaré no poniendo tantas ganas en encontrarnos. Por otro lado, le prometí que no le haría daño voluntariamente y me encuentro ahora con la duda de si, por él, por su bienestar, y por mantener un buen recuerdo, no debería yo dar un paso adelante, tragarme mis ganas de seguir con esta historia y terminar la relación antes de que se emponzoñe.
Un saludo a todas y gracias por leerme: