Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Me ha costado escribir esa frase aunque a veces la verbalizo con gente de confianza… y me siento una mala persona, pero es que me arruinó la vida.
Aviso que ésto va a ser un poco largo…
Ya no sé qué pensar… desde hace casi diez años está en una residencia, y va en silla de ruedas porque hace más de veinte años que dice «no poder andar» aunque no tiene ningún problema fisico, sino mental.
Padece un trastorno bipolar agravado con una actitud extremadamente egoísta.
Su enfermedad empezó a los dieciocho años y mi abuela, la pobre, la llevó a los mejores médicos, a balnearios y a todo tipo de terapias que pudieran ayudarla… además de consentirle todo.
Mi abuela era un ángel caído, la única figura materna que conozco, pero murió cuando yo tenía diecinueve…
Y tanto mi padre como mi madre empezaron a tratarme como si la hubiera matado yo.
Empezaron los chantajes… mi madre decía que no quería estar sola en casa, y que cuando mi padre estaba trabajando yo tenía que estar con ella si o sí.
Total, yo tenía exámenes y así estudiaba pero no, porque ella me mandaba fregar, hacer recados, cocinar y ya lo último era estudiar, así que en los estudios me iba bastante mal.
Me decía que cuidarla era «mi obligación» , pero también estudiar y apenas salir de casa un rato con mis amigas…
Lo peor es que vivíamos en un pueblo de esos pequeños y las vecinas más cercanas apoyaban a mi madre diciendo que tenía razón, que era mi obligación.
Acababa estudiando cuando me iba a la cama o faltando a clase para poder estudiar, porque me tenía las tardes ocupada en hacer tareas de casa que a ella no le daba la gana hacer.
Ella se pasaba la vida de la cama al sofá aunque no estuviera ni deprimida ni exhaltada.
Yo comparaba mi vida con la de mis amigas y me daba rabia.
Ser la hija de «una loca» fue un estigma, y la adolescencia muy cruel.
En el instituto acabé volviéndome agresiva ante tanta burla, me expulsaron, saqué el carnet de conducir a los dieciocho, mi abuela murió (mi única madre real) y todo se tornó aún más oscuro.
Mi objetivo era trabajar, ahorrar y largarme de aquella casa donde sólo recibía gritos y exigencias, donde yo no era una hija sino una esclava, donde me amenazaban con echarme si no aceptaba sus normas (no tener vida fuera de casa) así que la relación con mis padres era enfermiza, porque yo necesitaba salir, estar con mis amigas y trabajar… pero bajo su techo sólo podía tener trabajos de pocas horas y por las mañanas, mis tardes eran un encierro haciendo tareas domésticas o simplemente estando a disposición de mi madre.
A ella le daba igual si todo aquello me gustaba o no, si estaba triste o no, incluso si estaba con un gripazo tenía que seguir haciendo tareas.
Me convirtió en su chacha y mi padre la apoyaba.
Con trabajos de mala muerte apenas podía ahorrar como para irme a ninguna parte a vivir, porque sólo me habría servido para sobrevivir.
Limpiaba casas por una miseria, y en esas me animaron a meterme en hostelería porque «ganaría más» pero de forma temporal.
De estudiar ni hablamos… hice algunos cursos del INEM que no me sirvieron para nada.
La ESO me la saqué por adultos, ya que me expulsaron del instituto y no quise volver, total sólo me quedaba cuarto para terminar.
Entre los diecinueve y treinta y tres años mi vida fue así… yo intentaba escapar, me echaba novio y me iba a vivir con él, pero no sabía elegir hombres sino refugios.
Las cosas no me iban nunca bien en el amor porque al final me enamoraba de hombres con vidas dificiles como la mía, pero con problemas de adicciones de las que yo intentaba «salvarles» en un intento desesperado por salvarme a mí misma.
Cuando me iba a vivir con algún novio mis padres sólo hacían amenazarme con que me iban a desheredar, mi madre ingresó por primera vez en un centro en el que estuvo casi un año y yo apenas fui a verla dos veces, sólo quería vivir en paz con alguno de aquellos novios que al final me la liaban y acababa volviendo a casa con las orejas gachas, ya que con trabajos temporales no podía sobrevivir sola, y en la zona donde vivía no había otra cosa.
Me iba fuera de casa pero no muy lejos. A cinco o diez km porque me sentía mal si me iba más lejos… al fin y al cabo mi madre es mi madre y es evidente que la quería y que la quiero pero…
Al final conseguí independizarme, su enfermedad empeoró tanto al final que hubo que ingresarla en un centro una temporada (en teoría) pero yo hice las maletas para irme y no volver, ya que sabía que si seguía viviendo en casa con mi padre, a ella acabarían dándole el alta y mi vida sería siempre igual.
Así que volé… porque si le daban el alta, ella no iba a ocuparse de ninguna tarea y se iban a tener que buscar una asistenta pagando, cosa que ni gracia le hacía a mi padre a pesar de ganar mucho dinero, ya que era funcionario.
Pues gracias a Dios, a esa edad mi vida de verdas empezó. Ya no tenía ni un sólo límite, además me fui a vivir sola a un piso bastante cuqui, estudié, trabajé, y conocí al padre de mi hija.
A mi madre solía ir poco a verla aunque hablaba con ella por teléfono todos los días.
Ella llegó a pedirme perdón porque «mi padre y ella me destrozaron la vida» y yo le dije que no importaba (total, el daño ya estaba hecho pero yo ya era libre)
Mi padre falleció, me quedó una buena herencia y formé mi propia familia, tuve a mi hija porque así lo quise y ¿sabéis qué?
Mi madre, en lugar de estar feliz por ser abuela, ¡tenía celos de mi hija!
Llegó a lanzar una colilla encendida a su carrito auque por suerte no le dió «sin darse cuenta»
Como nunca ha trabajado y la pensión que tiene gracias a mi padre es la que paga la residencia, ella se pasa la vida pidiéndome cosas.
Siempre fue muy pesetera y a pesar de no dar a cambio más que problemas, exigía todo a mi padre, y al faltar él, pues a mí.
Mi hija ha ido creciendo más alejada de ella que cerca… Solo voy a verla una vez a la semana porque si no, me siento mal…
Su nieta (y el resto del mundo) le importa una mierda. Me exije, es un no parar con esa frase de «tienes que…» o «me tienes que» que ya a mis cuarenta y dos hace que me explote la cabeza.
Todos los días solía llamarla pero ya no lo hago.
Siento pena… pero al mismo tiempo rencor y odio. Odio porque llegué tarde a todo por cuidarla a ella y nunca ha tenido bastante.
Me insta a no comprarle a mi hija ropa que necesita porque tiene cuatro años, para que se lo compre a ella…
Cada vez odio más ir a verla, el tiempo que paso allí es una amargura y gracias a mi hija, que no tiene ningún apego hacia ella y en las visitas apenas le hago caso porque mi niña quiere toda mi atención y se refugia en mí de ese lugar donde hay tanta gente trastocada como su abuela.
Mi niña llora cuando le digo que toca ir a ver a su abuela… nunca quiere ir.
Por eso quiero que se muera. No le hace bien a nadie. Su asistente social me cuenta lo mal que se comporta y también que no todo es por su enfermedad (no me digas)… todo son gritos, exigencias, y trata a todas como me trataba a mí, como esclavas.
Sé que me va a doler mucho su final, porque algunas cosas buenas tenía (cada vez menos) siento lástima por su enfermedad pero no tiene derecho a querer ponerse por delante de mi hija, porque yo elegí ser madre, pero no su hija…
Poco a poco tomo distancia… de llamarla todos los dias puedo pasar tres sin hacerlo porque siempre me pone de malas, ya que nunca deja de exigir.
De ahí pasaré a no visitarla todas las semanas, y quiero acabar por apenas ir…
Porque bastante daño me ha hecho ya, no voy a permitir que se lo haga a mi hija, que la tiene más miedo que otra cosa.
Me siento mala, muy mala, pero nunca termino de serlo, yo no heredé ese egoísmo pero tengo una hija a la que proteger, y va creciendo y dándose cuenta de cosas que sólo le harán sufrir.
Por encima de mi hija NO HAY NADIE, ni siquiera yo misma y quiero darle todo mi esfuerzo, todo mi amor para ser la madre que la mía nunca fue.
