El título me deja como una friki de coj***es, pero tiene una explicación.
Me case cuando estaba embarazada, una boda civil con nuestros padres, abuelos y nuestros mejores amigos. Éramos 13 personas y nosotros dos. Fuimos vestidos normal aunque un poco más elegantes, pero al fin y al cabo íbamos del Shein. Invitamos a todos a una churrascada en un sitio tipo “buffet”. Langostinos de primero y churrasco a reventar de segundo, de postre los genéricos industriales que tenían para todo el local.
La ropa no la cuento como gasto de boda porque la amortizamos bien, pero entre la documentación, cuatro tonterías y la comida, no llegó a 500€ el gasto de ese día. Y aún así fue maravilloso y todos nos lo pasamos super bien. Yo tenía más de 7 meses de embarazo, no iba a beber alcohol y además necesitaba descansar, todos entendieron la situación.
Pero cuando llegó el primer cumpleaños de mi hijo, tiramos la casa por la ventana… aunque no nos dimos cuenta hasta que empezamos a sumar los gastos. Todo tenía una explicación, mi padre no estaba muy bien de salud y mi madre estaba con él todo el día. Era en pleno mes de julio por lo que vimos más viable alquilar una finca con asador y piscina. En ambas familias había varios niños, por lo que así estarían entretenidos.
Reservamos el sitio, aunque se pagaba en el mismo día. También reservamos comida, que lo vimos más cómodo que ponernos a asar allí y no disfrutar de la fiesta. Compramos muchos refrescos, zumos, cervezas, algún vino, unos digestivos para el postre… también patatas fritas, gominolas, embutidos y nocilla para la merienda. Y por supuesto decoración, que bendito Shein, muchos globos con formas de animales, manteles temáticos, guirnaldas con su cara de los últimos 12 meses… nos vinimos muy arriba. Pero después de los años que habíamos pasado intentando tener a nuestro hijo, queríamos celebrarlo por todo lo alto.
En mi boda fuimos 15 contándonos a nosotros, pero en el cumpleaños del peque de la casa seríamos 32, literalmente toda la familia.
La semana antes de la celebración vino el primer leñazo. Más de 200€ en bebidas. El día antes casi 200€ en los picoteos y meriendas. Además los dos meses anteriores habíamos hecho un par de pedidos en Shein para la decoración y los platos y vasos desechables, que aunque en el momento no nos parecía mucho, al sumar eran más de 100€. Solo eso ya superaba mi boda.
El propio día vino la ho***a monumental. 250€ de la finca y 300€ en la comida que habíamos reservado. Se iba la broma a 1000€. Y algo más, porque hubo que ir varias veces a la gasolinera cercana a por hielos o reponer algún refresco.
A ver, pudo parecer por el título que mi boda había sido de las “normales” que cuestan más de 10.000 o 15.000€ y en el cumpleaños del crío me había dejado la entrada de un piso, pero no, nada de eso, no estamos tan pirados. Y en parte, tampoco nos dolía el dinero que habíamos puesto.
Lo que nos dolieron fueron los comentarios.
Algunos de los presentes en nuestra boda criticaban que estaban mejor comiendo ahí que en nuestra boda. Otros que no habían venido decían que hubiesen podido ir a nuestra boda si hubiésemos alquilado también la finca. Como si alguno de ellos hubiese puesto un céntimo en pagar algo o echado una mano en organizar todo.
Cuando llegó el turno de la tarta, varios pusieron mala cara. La tarta la había hecho mi marido, es más, hizo tres. Las tres iguales y con los mismos ingredientes. Algunos se quejaban que como no nos habíamos estirado y comprado alguna diferente. Otros criticaban que ese sabor no les gustaba y mi madre, con todo su papo, dijo que en el primer cumpleaños la tarta se compra, no se hace, que eso es en casa, no “fuera”.
Manda narices.
Cuando llegó el turno de los regalos me dieron ganas de contestar a todos de la misma forma que me habían hablado toda la tarde. Varios conjuntos del Primark, unos del Pepco, otro que se había olvidado (han pasado dos años y no le ha regalado nada), un par de libros…
Y ojo, no es obligación de nadie regalar, ni “pagar el plato”. Pero tampoco te quejes de lo que no haces.
A la hora de marcharse (teníamos hora de salida o nos cobraban el día siguiente), muchos se quejaban que era pronto, otros decían que tenían mucho camino en coche y que estaba muy lejos el sitio… pero aún así todos se despidieron hasta el año que viene.
Desde ese fatídico primer cumpleaños, en que para mi lo único que salió mal, fueron los comentarios, no volvimos a hacerlo de esta forma. Mucha gente nos preguntaba que por qué no repetíamos, que había estado genial. Pero no vamos a volver a gastarnos más de 1000€ en recibir un día de criticas. Lo disfrutamos entre los tres y soplamos las velas en casa de cada abuelo para que no queden desplazados. Y punto.
