(testimonio real de una seguidora enviado al mail)
Tengo que empezar diciendo que yo soy una persona que perdería la cabeza de no tenerla pegada al cuerpo. En las comedias románticas sería la amiga despistada de la protagonista que sólo está ahí para la historia secundaria graciosa. De verdad que la empanada monumental que me gasto me ha llevado a sitios muy oscuros, pero gracias a ella tengo muchas cosas surrealistas para contar.
La que voy a contar hoy es de estas últimas y fue tan cagada que me convertí en una leyenda en la autoescuela, donde me recuerdan incluso años después de que pasase esta historia.
Estaba yo con 18 años recién cumplidos intentando sacarme el carnet de conducir como cualquier hijo de vecino. Fui a la autoescuela hice los tropecientos test que me pidieron y cuando me sabia las M.M.A de todos los camiones que existen (que alguien me explique por favor para qué sirve saberse eso) me presenté al examen teórico.
Mi profesor de la autoescuela me dijo donde tenía que ir, al edificio de la DGT. Tiene sentido, son cosas de coches, ¿quién podría equivocarse? Pues yo.
Me desperté esa mañana más nerviosa de lo que había estado en mi vida porque encima si aprobaba iba a tener que empezar con las clases prácticas y me daba fobia empezar a conducir. Así que salí de casa medio corriendo, escuchando música y tratando de relajarme lo máximo posible. Como no sabía muy bien donde estaba el edificio usé Google maps para moverme por la zona. Después de un rato caminando vi el edificio, crucé la calle y entré.

Me pareció raro porque parecía como una oficina y no había mucho movimiento. Pensé que quizás había llegado un poco pronto y que el resto de personas estarían al llegar.
Pero los minutos pasaban y yo seguía ahí más sola que la una. Cuando faltaban cinco minutos para que empezase el examen una señora se me acercó para preguntarme si necesitaba ayuda y yo le pedí si me podía indicar en que sala íbamos a hacer el examen. La señora se dio cuenta de lo que estaba pasando y me miró con cara de pena, como si acabase de ver un perro sin patitas delanteras. Para decirme después:
-
Creo que te has equivocado de sitio porque esta es la sede de UGT y no hacemos ningún examen.
Acto seguido procedí a ponerme roja como un tomate, darle las gracias y salir pitando. Obviamente ya no me daba tiempo a llegar al examen teórico y como no me veía con fuerzas de volver a casa fue directa a la autoescuela, por ver si podía presentarme otro día.
Cuando le conté la historia a mi profesor estuvo riéndose, sin exagerar, 10 minutos seguidos. Tuvo hasta que parar para beber agua porque se atragantaba. Pero que se lo tomase con humor me ayudó a no sufrir una crisis maniaca en mitad de la autoescuela, así que se lo agradezco. Por si tenéis curiosidad, al final me presenté a la siguiente convocatoria y aprobé sin fallos. Después de la metedura de pata de la primera vez, ya no me podía permitir fallar.
Barby.