Cuando mi marido me pregunta qué quiero por Navidad, cumpleaños o cualquier fecha especial, parece que mi lista se traduce a su idioma secreto del “todo al revés o como a él le suena divertido”. No sé si es distracción, malicia o un superpoder que tiene para equivocarse de forma sistemática, pero es que aún por encima le hace fotos y las guarda de
las cosas que me llaman la atención o le pido directamente… pero la verdad es que ya me lo tomo con humor (y con resignación)
Antes de navidades vimos un libro en El Corte Inglés de dos hermanas que hacen recetas en redes sociales a las que yo ya seguía en redes y le pedí ESE libro de las dos hermanas para Navidad. Muy seguro de sí mismo y después de haberle hecho una foto para recordarlo, me regaló un libro titulado literalmente “Dos hermanas”. Entretenido, sí… pero no era para nada eso. No había recetas, ni fotos de postres, ni trucos de cocina que pudiera seguir, solo dos hermanas y un homicidio.
Luego recuerdo otra vez que le pedí un set de tazas con frases bordes y humorísticas para la oficina, algo que me motivara por las mañanas (tengo un humor peculiar, no me escondo). Con su lógica aplastante, llegó con un paquete de “tazas de tarot” para leer el futuro. Que sí, que son tazas, pero ni para café ni para frases humorísticas, aunque no puedo negar que la situación tenía su guasa.. Yo quería ironía y terminé con un par de tazas que me susurraban “tu futuro amoroso está en manos de un gato”. Y si esto ya suena absurdo, agárrate los machos: una vez, le pedí unos auriculares inalámbricos y me llegó un tocadiscos portátil. Que si, que suena bonito y vintage, pero lógica not found.
Aunque si lo comparo con los regalos de mi ex, mi marido parece un genio de la selección de regalos. Una Navidad le regalé una chaqueta de cuero de 300 pavazos a mi ex y qué me trajo él? Un estuche de champú + acondicionador del Tresemmé porque venía con un pintauñas de regalo. Para colmo, era un tratamiento para alisar con keratina… y mi pelo es un rizo cerrado, no afro, pero casi. Y no es solo que el regalo no sirviera, es que parecía un mensaje subliminal “no me gusta tu pelo rizo, alísatelo de una vez”.
Recuerdo otra vez que, en un cumpleaños, pedí un perfume que me encantaba. Lo olí en la tienda, me enamoré y dije: “Ese es el que quiero”. En su línea, me trajo un frasco de esencia de “hogar de lavanda”. Muy agradable, sí, pero no era perfume para llevar. Sí, podía rociarlo en el armario y fingir que estaba usando perfume, pero salir con eso habría sido un crimen olfativo. Y ahí me di cuenta: su filosofía de los regalos parece basarse en “parece similar, así que seguro que vale”.
Y eso me lleva a la mejor parte: su creatividad absurda no tiene límites. Una vez le pedí una bufanda de lana gruesa para invierno y él me trajo un calentador de tazas. Me miró orgulloso y dijo: “Mira, te mantiene caliente”. Sí, mantiene caliente la bebida..pero no a mi.
Así que ahora, cuando me pregunta qué quiero, ya no doy detalles. Simplemente sonrío, cierro los ojos y acepto el misterio. A veces, los regalos son inesperadamente divertidos, otras veces simplemente absurdos… pero siempre me sacan una carcajada. Espero que a vosotras también
