Llevamos todo el verano con lo mismo. El niño tiene unos seis años, se mete en el agua, y al rato hay una zona que todos sabemos lo que es aunque nadie lo diga en voz alta. No es la primera vez que pasa, no es la segunda, es ya una costumbre establecida que el niño se mete en la piscina y la piscina deja de ser la piscina de antes.
Lo peor no es el niño porque el niño tiene seis años y los niños de seis años hacen lo que hacen. Lo peor es la madre. Porque la madre lo sabe y lo ve y cuando alguien le ha insinuado algo se ha puesto como si le hubieran insultado a ella personalmente. Que su hijo no hace eso, que cómo nos atrevemos, que el agua siempre está así en verano y que si nos parece mal que vayamos a otra piscina.

Que vayamos a otra piscina. En nuestra piscina del pueblo. La que pagamos entre todos.
El tema es que nadie quiere ser el que lo diga de frente porque el pueblo es pequeño y nos vamos a seguir viendo el resto del verano y el resto de los veranos y con esta mujer en concreto cualquier conversación tiene muchas posibilidades de acabar muy mal. Así que todos lo comentamos entre nosotros, todos lo sabemos, todos nos miramos cuando el niño se mete en el agua, y nadie dice nada y el agua sigue turbia.
Ayer estuve a punto. Me quedé mirando el agua, luego la miré a ella, luego miré el agua otra vez y me fui a la otra punta de la piscina como llevo haciendo todo el verano.
Es que no sabemos qué hacer! A ver si me podéis arrojar luz