Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Para entender esta historia hace falta que os ponga en situación primero: mis padres se mudaron a nuestra casa familiar en el año 2000. Era un edificio de construcción nueva y la vecina de arriba se mudó al mismo tiempo. Mi madre y ella (llamémosla Pepita) enseguida se hicieron amigas, junto con otra vecina del portal de al lado (llamémosla Juanita). Pasaron 25 años de amistad, con sus más y sus menos.
Hace cosa de un año, Pepita abrió un negocio con una amistad reciente (llamémosla Luisita).
Pepita y Luisita abrieron un consultorio de belleza. En él, Luisita daba masajes, Pepita llevaba todo el tema administrativo y contaban con colaboradoras para el resto de cuidados estéticos.
Pepita es una persona generalmente mal encarada, de esas que ves venir a lo lejos el carácter fuerte que tienen. Ya había tenido problemas a lo largo de los años con varios vecinos, aunque mi madre siempre había escuchado su versión de los hechos y dado su apoyo. Incluso metió las narices malamente en el matrimonio de mis padres. Todavía recuerdo todas las veces que Pepita y Juanita llamaban a mi padre para quedar y cantarle las cuarenta sobre lo mala persona que era y lo terrible que era como marido y padre (pobrecito mi padre, ¡qué aguante tuvo! Es más bueno que el pan, incluso con quien no se lo merece).
Pues como os podréis imaginar, Pepita empezó a tener problemas con Luisita. Rajaba de ella que daba gusto: que si analfabeta, que si tonta, que si mala… A mi madre no le gustaba oír esas cosas, puesto que Luisita también era una amiga. Pero Pepita le decía que tenía que elegir: o con ella o con Luisita. A una le gustaría pensar que con 60 años la gente se dedica a cosas más importantes que coaccionar a sus amistades como si se tratara de un patio de colegio. Pero Pepita se conoce que tenía mucho tiempo libre y se aburría.
Mi madre intentó mil veces explicarle que las amistades son todas importantes y que, aunque Pepita tuviera problemas con Luisita, debería intentar solucionarlos siempre desde el respeto. Pepita se pasó por el forro todo esto y un buen día colocó un micrófono en la cabina de masajes privada del consultorio de belleza (evidentemente sin que nadie lo supiera).
Y aquí viene el problema: grabó una conversación entre mi madre y Luisita, en la que Luisita se desahogaba con mi madre por todo el mal rollo y las cosas que le decía Pepita. No contenta con cometer un delito y atentar contra la intimidad de las personas, Pepita usó esa grabación para poner de relieve la “deslealtad” de mi madre al hablar de ella con Luisita, todo esto en una encerrona que le hicieron entre Pepita y Juanita en la habitual “caña de los viernes”.
Y aquí viene lo chungo: primero, Pepita redactó una lista de todo lo que se habló en la conversación grabada, pero empezó a degenerar e inventarse cosas, convencida de que la insultaron, la vejaron, que a sus hijos también… Mi madre, alucinada con lo que estaba pasando, se levantó y se fue a su casa sin decir nada. Y esa fue la última vez que habló con Pepita.
Desde entonces, Pepita la acosa con mensajes constantes a través de redes sociales. Al principio eran mensajes del estilo “aunque me hayas traicionado, te perdono”, “fíjate que nos hemos separado por culpa de Luisita”. Ahora que ve que mi madre lleva un mes desaparecida (no le ha contestado a NADA), ha empezado a mandarle mensajes amenazantes al ritmo de “ojito conmigo”, “como no contestes, esto va a escalar exponencialmente”, “no me quieras como enemiga”, “soy una fiera” (criiiiiiinge)…
Os podréis imaginar que mi madre está destrozada, porque no se esperaba que una amistad de 25 años pudiera terminar de una forma tan patética e infantil. Le duele mucho ver que ha querido y confiado en alguien durante años de manera unilateral.
Además, sabe que a Luisita Pepita la echó del negocio unilateralmente y que le manda cartas semanales llenas de amenazas. Sabe que se meterán en un juicio gordo y le agobia mucho estar en medio de todo. Y todo porque Pepita buscaba excusas para echar a Luisita del negocio sin pagarle su parte (4.000 cochinos euros). ¿Ese es el precio que tenía la amistad para ella? ¿Ha arruinado una amistad de décadas por un poco de dinero? ¿Cómo se puede ser tan rastrero?
Yo le digo a mi madre que se aleje de Juanita también, porque en todo este embrollo ha estado machacándola, intentando hacerla sentir culpable. Y le digo que debería denunciar a Pepita, por la grabación y por las amenazas que le está mandando. Pero entiendo que ella no quiere y solo quiere olvidarse de todo.
Todos en la familia estamos muy preocupados por mi madre: casi no duerme, no come… parece un zombi. Esto la ha dejado bajo mínimos. ¿Algún consejo sobre cómo actuar con estas malnacidas?
