Desde ayer estoy un poco baja de moral por el fallecimiento de Robe. Puede parecer una exageración, pero teniendo en cuenta el vínculo que tengo con su música, para mí es una pérdida significativa.
Empecé a escuchar Extremoduro alrededor de los 12 años. Mi primera canción fue «Jesucristo García». Una revelación.
Escuché y reescuché los primeros discos una y otra vez. Siguió acompañándome de forma constante durante toda mi adolescencia, en mi época más chunga fue mi banda sonora. Hay canciones que me transportan a momentos concretos de mi vida a los que ya estarán ligadas para siempre. Otras me recuerdan a personas que dejaron alguna huella en mí.
[caption id="attachment_1174796" align="aligncenter" width="508"]
@Mercrominah[/caption]
Y de repente, «La ley innata». Obra maestra. Lo cambió todo. Llegó en un momento de inflexión para mí. Una ruptura, vida adulta, un viaje. Muchas horas de escucha, sensaciones nuevas cada vez.
Los dos últimos discos de Extremo coincidieron también con una época que recuerdo con cariño y mayor serenidad.
Tuve en privilegio de asistir en esos tiempos a dos conciertos maravillosos. Recuerdo un litro de Kalimotxo por encima. Afonía. Piel de gallina. Ya éramos tres generaciones coreando sus letras. Mágico.
Posteriormente he seguido la trayectoria de Robe en solitario. Qué sensibilidad. Qué grandes artistas lo acompañaron siempre. Gran poeta. Genio.
Te echaremos de menos