Escapando del Narcisismo y sus hij@s dorad@s

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    happiergal on #303394

    Buenas a tod@s, me animo a escribir lo que sigue, por si a alguien le puede ayudar.
    A mis casi 30, después de un tiempecito de terapia, he decidido poner por escrito, a modo de cierre capitular, mi descubrimiento/problema más reciente: el trastorno narcisista. Ponerle nombre a este trastorno, a mí me ha salvado la vida, yo no lo sufro, pero estar en contacto un tiempo prolongado de forma totalmente inocente con gente que sí, me ha destrozado psicológicamente y aún estoy trabajando duro para recuperarme del todo.

    Narcisista, su hija dorada (y narcisista) y mi madurez
    Ahora, hago balance de mi veintena porqué este otoño cumplo los ansiados treinta. Siempre había visto la década de los viente como la que evolucionamos más a nivel psicológico y laboral que en ningún otro momento de nuestra vida. Y es verdad. A parte de millones de otras cosas, sueños cumplidos y muchos más por cumplir, he descubierto algo que me ha cambiado la vida: el contacto con el narcisismo.

    Los topicazos, a veces resultan muy cutres, pero a medida que me he ido haciendo mayor, he ido viendo que cuando el río suena es porqué agua lleva. Siempre me había parecido lejano eso de las suegras controladoras y maquiavélicas, las cuñadas maléficas que hacen tándem con sus madres, las pullas familiares y demás. A mi madre le tocó el pack entero y de regalo una salud de mierda, por eso, me parecía que a mí no me pasaría nada de eso, como si se hubiera roto el molde. ¡Santa inocencia! después de algo más de un lustro en pareja, hará como un par de años, empezó a destaparse como era el pastel. Y me dí una ostia considerable con la realidad a mis veinti-casi-nueve. No por mi pareja, si no por ellas dos: la suegra y la cuñada.

    Todo parecía ir bien hasta que empezamos a buscar nidito para juntarnos con mi novio y decidimos hacer el enorme esfuerzo de comprarlo. Al principio bien, pero empezó a caerse la venda de mis ojos al poco tiempo: el control y las duras críticas de mi suegra por la pobre limpieza de nuestra choza -siempre mi culpa- ya que su pobre hijo, carne de su carne, no podía ser autor de semejantes montones de platos sucios y murallas de ropa para planchar. Esas vacaciones, les dejamos las llaves de repuesto para que nos cuidaran nuestras queridas mascotas y al volver, me di cuenta de que con toda su buena voluntad, me había organizado todo el armario, había visto unas bragas muy monas y encima me preguntó dónde las había comprado. Traducción: sabía cuantas de todas mis bragas tenían manchas de sangre, todas las camisetas con agujeros que había en mi estante, las marcas, tallas y hasta cuantos condones había en la mesilla, a parte de otras porquerías varias que me encontré organizadas en una caja muy mona de colores de los chinos. Me dieron ganas de prender fuego a mi recién estrenado dormitorio, en aquél entonces ya mancillado por las manos marujas de mi señora suegra, que en aquellos tiempos, me parecía que lo hacía todo con buena fe, pero mi instinto iba gritando: ¡cuidado! e intenté silenciarlo.

    Entre una y otra cosa, mi pobre amiga, mi cuñada, había sido ‘abandonada’ por quién había sido su pareja seis años, porqué la quería, pero se quiso más a él. Nos volcamos en ayudarla a superar la pena, en los varios traslados que tuvo hasta que se instaló definitivamente, las fiestas, los plantones, desengaños del corazón, follodramas… y él. Un tío normal, excelente profesional, con un futuro laboral prometedor, una empatía espectacular y una herencia para cobrar. El supuesto ‘pesado que no es mi tipo’ se había transformado en el príncipe de brillante armadura de la noche a la mañana. Y se juntaron al segundo de empezar a salir. Todo muy rosa, vertiginoso, muy especial, caro, hecho a su medida, todo lo que ella tocaba, parecía convertirse en oro, pero aún le faltaban cosas por lograr que dependían de otros. Si no las tenía, autocompasión a al canto para lograrlas de los demás, pobrecita. Si no se le daba lo que pedía, pataleta al canto y te sentías tan culpable de tanta llorera, que pasabas por el aro. Si no se iba dónde decía, conflicto al canto y había consecuencias por las que pagar. Si no tenía lo que insinuaba, trazaba cuidadosamente planes maquiavélicos calculados al milímetro para conseguir que ‘por casualidad’ hubieran hijos, boda y nuevos hogares en camino. Todo estaba trazado con especial maña para que fuera orientado a cumplir sus expectativas, caprichos, deseos y delirios de grandeza.

    De un día para otro, me descubrí controlada, sin intimidad, sin secretos, siendo saco de palos cuando no me prestaba a obedecer y finalmente objetificada. Es decir: mi valor como persona dependía de lo que ganaba, regalaba o podía aportar cuando convenía. No que te fuera a ser recíproco. No te equivoques. Tú pringas, que no eres reina, nada de lo que tocas es oro ni lo será nunca.

    A sumar a todo ello, la suegrísima, la gran ayudadora de la familia por excelencia, resulta que había usado esa técnica para disfrazar un marujismo fuera de serie que podía usar en tu contra en cualquier momento para ayudar a su hija dorada y adorada, además de los fines de ambas. Porqué el conocimiento es poder. Como yo ya empezaba a estar muy vista y era ingobernable para muchas de sus ambiciones, se adueñaron de un montón de mis recursos, ideas, planes, secretos, opiniones, hobbies e ilusiones y se cargaron otro tanto. Y cuando me di cuenta, todos los disgustos que había ido silenciando, gritaron de golpe y de dolor en mi alma hasta rasgarla considerablemente. Me percaté de todo eso y me vi a mí misma, dudando de si el problema era mío o no, de si había perdido la cabeza, de si me había obsesionado, de si mi mundo era demasiado pequeño y yo muy malpensada… hasta que descubrí que fui, durante años, como un yacimiento de petróleo para un especulador. Las narcisistas habían jugado sus cartas. El problema no era mío, si no suyo. Busqué, gracias a preciosos consejos y ánimos del foro de #weloversize y grandes amigas del alma, una gran psicóloga que me ha enseñado técnicas de zurcido para mi pellejo.

    y aquí estoy, entendiendo su transtorno de personalidad, practicando destape al narcisista, limitando el contacto al máximo y volviendo a ser yo. Porqué vengarse te ciega la cabeza y te hunde en la miseria, pero vivir tu vida es la venganza más sana y no volver a caer en el juego otra vez, es para siempre.

    mucha suerte a l@s que estéis en las garras de semejantes monstru@s. Se sale. Cuesta una barbaridad, pero se consigue.
    Suerte

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