Sé que parece algo muy frío, pero aprendí hace tiempo de mi tía que a la hora de enamorarse y elegir pareja, hay que tener cabecita fría para tomar sabias decisiones. Empezó cuando me lié con el chico más guapo del barrio, cuyo hobby era ir de carrera en carrera de motos y darse de hostias con todo aquel que pillaba por delante.
Mi tía me sentó un día en la cama y me dijo hasta que hemos llegado: “En esta vida vas a tener que tomar decisiones importantes y la primera de ellas es saber con quién te juntas, pero no solo las amistades que debes elegir cuidadosamente, si no el tío con el que te va a liar y que va a poder formar parte de tu vida”.
A día de hoy creo que es el mejor consejo que me han dado nunca, porque yo era una chica jovencita sin nada en la cabeza y sin expectativas de futuro y ella me enseñó a visualizar que era lo que quería en mi vida. Ahora estoy prometida con un chico al que reconozco que estudié a fondo para saber de dónde provenía, que futuro tenía, ingresos, etc. y al ver que realmente me convenía me dejé llevar por esas mariposas que sentí al conocerle.
En el camino he abandonado la idea de liarme con gente que realmente no me hubiera convenido y no me ha ido tan mal, así que me alegro de ese consejo que me dio y que yo misma repito cuando encuentro alguien joven cometiendo errores.