Reproducimos la historia que una lectora ha enviado al mail por error:
Le conocí de modo casual, acudí a una cita de casualidad, ambos estábamos en una red social. El primer impulso al tratarle me hizo poner un muro, pero según pasaban las horas me convencí de que él podía dar más de sí.
Las citas empezaron a sucederse una tras otra y cuando empezábamos a estar genial y le di varias opciones en una cita él se puso nervioso y me dijo que no estaba seguro de sentir suficiente para avanzar. Dejé de escribirle y el me escribió a mi, me dijo que le apetecería verme, me invitó a ir al cine pero anteriormente quedamos para comer. Comimos, bebimos, nos abrazamos, nos besamos, fuimos al cine y acabamos durmiendo en su casa.
A partir de este momento todo empezó a fluir, quedábamos el finde semana, comidas en casa, fuera, cenas, conexión brutal, química y mental.
La semana pasada se fue de mi casa dándome gracias por estos momentos, al llegar a su casa me dio mil gracias por todo y yo, que ya estaba muy tontorrona sentí cómo se me removía todo por dentro. Esa semana el fin de semana mandándome fotos familiares, en mandilón, tomando vermut casero, haciendo la comida… también me invitó a vernos en el puente, decidimos que fuese el lunes.

El lunes picoteamos algo en su casa, mimos, caricias, besos, miradas, sexo, no podía dar crédito de que aquello tan bonito me estuviese pasando a mi, después de tanto tiempo sin sentir como entonces. Durmió abrazado a mí que casi me costaba respirar, pero me gustaba. El martes nos despertamos entre besos y un “cómo me gusta esto” por su parte, me fui de esa casa sin no antes él hacerme la broma de “el próximo día con mochila”.
Me volví a casa feliz.
El miércoles no supe nada de él y el jueves le escribí, estaba modo gracioso y le dije de hacer algo el fin de semana, le dije de cenar en casa o fuera de casa el sábado y me hizo una broma tipo, podemos quedar el viernes y comer en un Centro Comercial nuevo, pues aún no lo había visto, porque no todo era sexo.
Quedamos el viernes y comimos en el restaurante, él súper atento, risas, miradas… decidimos tomar el café en la terraza y tras una confidencia mía sobre una relación muy tóxica que tuve y su infidelidad el me dijo que tenía algo que contarme. Yo bromeé pero vi que se ponía serio.
Me empezó a hablar de alguien con quien había estado en verano, que si era dependiente emocional aunque no lo parecía, que si era mona, pero que la había dejado porque no dejaba de quitarle espacio, de sentirse celosa de su tiempo c sus hijos… mil cosas más. Decir que según él esta relación estaba acabada, pues lo hablamos al inicio de nuestro “idilio”. De pronto me comentó que la había bloqueado y desbloqueado varias veces, que ella le escribió y lo invitó a bailar, que una cosa llevó a otra y que se liaron el miércoles.
Sólo puedo que mi corazón se heló y se rompió al mismo momento, casi no podía hablar, sólo podía verle, ya no era capaz de escuchar. Me dolía, me punzaba y no podía ni atender qué me decía.
Nos despedimos, sin abrazos, sin besos y me fui caminando para casa como los guerreros que lo han perdido todo, tremendamente rota.
Tras eso intenté que me explicase como se pasa de A a B en menos de 24h. No ha sabido ni ha podido explicarlo.
Yo he decidido soltar, pero si he aprendido algo es: no me quieras tanto, quiéreme mejor y siempre, siempre quiéreme con cordura.
BL