Hace años que sigo a una conocida influencer de mi ciudad en redes sociales. Siempre me ha encantado, tanto la manera que tiene de comunicar como su contenido. Aunque ella se dedica a escribir principalmente, transmite ideas sobre body positive y habla sobre moda asequible para mujeres curvy. Me gusta tanto, que hace unos meses fui a una firma suya, tenía ganas de verla en persona y decirle lo mucho que me gustaba. Y eso hice. Salí de allí super contenta porque fue tremendamente amable conmigo, así que esto solo hizo reforzar lo mucho que la admiraba.
Un par de semanas atrás, en plena ola de calor, una amiga me invitó a celebrar su cumpleaños pasando la tarde en la piscina de casa de su madre. Me dijo que habría bastante gente allí, algunos conocidos y otros que no había visto en mi vida. Cual fue mi sorpresa cuando me la encontré a ella allí también. Había venido con su novio, el cual era muy amigo del novio de mi amiga. Al principio flipé, no quería ser la típica fan pesada, pero me moría de emoción compartiendo espacio con ella.
A medida que fue pasando la tarde, varias cosas de las que hizo fueron llamando mi atención. Tuve la sensación de que quería ser protagonista todo el rato. Hablaba todo el rato de sus viajes y sus colaboraciones con diferentes marcas, incluso hablaba de alguna de las fans que le hablaban por la calle: qué pesada es la gente. Hace poco una chica me dijo que gracias a mis vídeos había salido de una depresión muy fuerte. No sé como lo hago, pero todo el mundo termina siempre contándome sus dramas. No me gustó ese comentario, ni en general la manera en la que habló de diferentes seguidoras durante el resto de la tarde.
Ya hacía la noche, un buen grupito de la gente de la tarde fuimos a cenar al centro de la ciudad. Me di cuenta del desprecio con el que trataba a los camareros, y también de cómo esa sonrisa que yo admiraba sólo aparecía cuando alguien la estaba grabando, ahí sí, aparecía mágicamente una amabilidad que había descubierto que era falsa.
No me malinterpretéis, todas podemos tener un mal día. Pero me bastó ese día para darme cuenta que la persona que yo admiraba solo existía cuando había una cámara delante. Esa misma noche la dejé de seguir, no era nada de lo que yo había imaginado.