Hace tiempo que quería hablaros de mi particular «problemilla», y al fin me he liado la manta a la cabeza (con estos calores las mantas como que sobran ya, ¿no?) y me decido a compartir con vosotr@s mi insólita realidad.
No soy gorda ni delgada: soy gorda de tetas! Sí suena raro, pero es así: en conjunto, no soy una persona gorda, aunque mido 1’77 y tengo algún kilillo de más (según el cálculo de mi IMC -índice de masa corporal). Gracias a mi estatura, los kilos de más no me suponen problema alguno, ya que están repartidos. Tengo las caderas muy anchas, los muslos bastante «hermosos»… Hasta aquí no problem Pero ahora viene mi quebradero de cabeza particular: MIS TETAS. Ríete tú de la Pechotes, Pamela Anderson, Lolo Ferrari o las míticas Sabrina, Cicciolina, Bo Derek o Dolly Parton. Tablas de planchar son todas estas muchachas en comparación conmigo!!!
En poco tiempo pasé de usar una talla 100 a una 115 (copa D o E). Los veranos empezaron a ser para mí una pesadilla: a parte de darme calor, el peso de mi «pechonalidad» hacía que cualquier modelo de bikini me dejase unas dolorosas marcas rojas en hombros (los de tirantes) o nuca (los de anudar al cuello).
Necesitaba una buena sujección y los bikinis tipo bandeau (sin tirantes) no eran una opción. Tampoco los deportivos (espalda tipo nadadora), por las antiestéticas marcas que me dejaban tras mis días de playa. Amén del calor y sudores que me producía cualquiera de ellos. Fue así como, harta de pelearme con mis «chuchis», decidí que el top less era mi única opción para estar cómoda, sentirme libre y disfrutar de la playa (vivo en la costa sur de Galicia) sin sufrir la tortura de los tops «cuchillo».
Me costó dar el paso, pero es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.
Al principio sentía pudor, pero los beneficios y la comodidad hicieron que se me pasara la tontería ipso facto. Muchas veces incluso me olvido de que tengo las tetolas al aire.
Sin embargo, este verano está empezando bastante mal para mis tetas. Desde el verano pasado, he pasado de una 110 a una 115 (¿explicación? Habrá quien me diga que es por comer mucha miga de pan… Pero es que el pan ni lo pruebo! Porfa please, que alguien llame a Iker Jiménez, a ver si él resuelve el misterio). Sí antes mi pecho resultaba llamativo, ahora ya ni os cuento!
Hace unos días, con la llegada de los calores y el tiempo veraniego, he empezado a ir a la playa. Y la cosa no hace más que empeorar por momentos: horrorizada, me he percatado de que muchos tíos (jóvenes, maduritos, abueletes, casados y/o emparejados, padres de familia incluso) se quedan mirándome los pechos embobados (de reojo, ocultos tras los cristales oscuros de sus gafas de sol o sin gafas y de forma directa y descarada, sin cortarse un pelo. Al principio pensaba que eran paranoias mías, pero he ido varias veces acompañada a la playa y mis acompañantes me han confirmado que la situación es real, no es producto de mi imaginación o que me haya hecho daño el sol.
Pero el club de fans-voyeurs de mis lolas no se restringe al público masculino: muchas señoras y chicas me miran con cara de disgusto y desaprobación (alguna incluso al ponerme yo cerca con mi toalla, ha cerrado la sombrilla, ha recogido los petates playeros y ha puesto pies en polvorosa, arrastrando a su novio/marido lejos del lugar (true story).
Si paso cerca de un grupo cuchichean y rara es la vez que alguno/a no hace algún gesto obsceno o de mal gusto o suelta alguna babosada.
Para colmo, hace unos días fui con una amiga a la playa y cuando le propuse irnos al agua, me espetó: «Pero te pondrás algo, ¿no? De parte de arriba. ¡¡¡¿¡¡No pensarás ir así al agua!!?!!!! Y yo, flipando muy mucho: «Perdona????»
Y ella: «Si vas a ir así yo no voy. Aquí hay mucha gente que me conoce»
Y yo (a punto de llorar y sintiendo vergüenza de mi cuerpo): «(…)» «Lo siento, no he traído el burka. Pienso ir a bañarme así, como he ido siempre».
Al final se hizo la longuis y terminé pirándome al agua sola (y frustrada). Disfruté de mi baño tratando de que mi disgusto se fuera flotando, mar adentro.
Vuelvo a la toalla más fresca que un mojito y me tumbo, vuelta y vuelta, al solecito. Mi amiga propone ir a dar un paseo, me incorporo y digo «let’s go wapi». Y viene la segunda parte del teta-drama.
«¿No pensarás ir a pasear por la playa así?» me espeta con cara de horror. «En esta playa me conoce mucha gente».
WTF? ¿¿Pero qué narices le ha dado ahora a esta mujer con mis tetolas??
«Pues sí, así pienso ir».
Pone cara de disgusto máximo y de nuevo me siento fatal.
«Yo estoy plana, no puedes ir así. Pareceríamos el punto y la i», se lamenta (ella es más bajita que yo, más delgada y con menos pecho. Ella es rubia y yo castaña, y no por eso le pido que se ponga un gorro para taparse el pelo para ir a pasear por la orilla del mar. ¿Qué está pasando aquí? ¿Qué le ha dado a mi amiga del alma con mis pechos? ¿A estas alturas de la película le han entrado los complejos o qué?).
Al final, me coloco la parte de arriba del bikini, y aunque mis tetas siguen saltando a la vista (ahora más recogidas y exuberantes gracias a los aros de la parte superior del bikini) iniciamos el paseo.
Pero chiquis, la cosa empeora por momentos, porque ni al desnudo ni a cubierto: mi pechamen sigue acaparando más miradas que mi amiga rubia (y la noto molesta por ello). Dos chicas pasan a nuestro lado y una de ellas se pone a mirar mis tetas con descaro, dándole un codazo a su amiga, para que no se pierda las vistas. Hasta el toto de tanta tontería y miraditas, de sus miradas groseras y de sus cuchicheos y risitas, decido que ahora van a hablar con razón: mirándolas, me aparto el bikini y dejo a la vista, en todo su esplendor, un pezón. «¿Qué, os molan eh?» les suelto. Y sus risitas de niñatas se quedan petrificadas en sus caras bronceadas. Automáticamente, agachan la cabeza y siguen su camino en silencio.
¿Qué le pasa a la gente? ¿Porqué es tan difícil aceptar la diversidad humana, en todas sus formas? ¿Porqué, según sus proporciones, una puede o no lucir su cuerpo en bikini, trikini, tanga, topless o como le salga del chumino?
No somos esculturas griegas, somos mujeres. Mujeres de diferentes tamaños y formas, con más o menos pecho, con más o menos barriga, culo o contorno de cintura. Con distintos colores de ojos y pelo, con distintas ideas y personalidades. ¿Por qué tenemos que juzgarnos, incluso entre amigas?
Después de esa tarde de playa, no he vuelto a quedar con mi amiga. Yo la respeto, y para no fastidiarla cedí y antepuse su bienestar al mío, su comodidad a la mía. Pero, ¿me ha respetado ella a mi? Después de lo mal que me sentí ese día, me planteo si es en realidad una buena amiga, o si debo apartarla de mi vida…