No sé qué me pasa, pero vivo eternamente pendiente de no decepcionar a mi familia y me encantaría tener más independencia emocional, pero no es así. Lo último ha sido que llevaba casi un año planteándome dejar a mi novio, porque veía que no íbamos a ningún lugar y que en un futuro todo serían problemas, yo tenía unos planes y unos proyectos que no coincidían con sus ganas de pasárselo bien y no hacer nada productivo. Es verdad que era muy buen tío, me trataba muy bien y que además funcionábamos bien a nivel sexual, lo cual hacía más complicado tomar la decisión, porque no había ninguna razón en el presente que me llevara a pensar que un cambio podría ser mejor.

El tema es que he estado meses y meses dándole vueltas a la cabeza, porque cada vez que me convencía a mí misma que era lo correcto, me imaginaba la cara de mis padres y la decepción que sentirían por dejar escapar a una persona a la que querían como un hijo. Hemos estado juntos seis años, hemos compartido con ellos momentos especiales, Navidades, cumpleaños y la verdad es que se lleva súper bien con ellos y también con mi hermana, por eso me ha costado tantísimo tomar la decisión de dejarle.
Lo más triste es que a él se lo dije con el corazón roto, pero de un tirón y en cambio decírselo a mi familia, ha sido una tortura, he ido por fases y lo he pasado fatal durante días hasta que finalmente he lanzado la bomba. Tal y como me esperaba sus reacciones me han hecho sentir peor que la reacción de mi novio cuando le he dejado.
De verdad que no me gusta nada esta sensación de dependencia hacia ellos y me planteo no volver a presentarles absolutamente a nadie hasta que decida casarme porque lo he pasado fatal.