Básicamente el título. Me es hasta imposible relacionar «amistad» con algo bueno del esfuerzo y decepciones que me he comido por su culpa durante toda mi vida. Como muchos tantos otros neurodivergentes he crecido siendo muy solitaria por culpa del rechazo de los demás sin ni siquiera conocerme. En cuanto te notan distinta por ser más callada o no responder a según que situaciones de forma socialmente aceptables (porque literalmente no puedes o ni sabes que eso estaba «mal» porque para ti no es innato saberlo), te echan la cruz, y a lo mejor ni tiempo te ha dado a presentarte.
Ya con casi treinta lo llevo mucho mejor. Soy hiper independiente, de esas personas que van solas a todos lados (conciertos, parques acuáticos, de fiesta a discotecas, al cine…) ni echo de menos a un grupo ni me ha hecho falta para hacer lo que me da la gana. Aun así, hay gente a las que les coges cariño y no las necesitas, pero si quisieras que estén, y eso no pasa.
No estoy tranquila con mis amistades o posibles futuras amistades. No lo disfruto. Sé que tienen fecha de caducidad. Sé que me van a abandonar en cualquier momento. Me dicen que las «deje fluir» y me relaje, pero no puedo, porque en cuanto suelto una relación, no fluye. Siempre se estanca o se muere. Si no la llevo yo y hago todo el trabajo en tirar del carro, en buscar, proponer planes, mostrar esfuerzo y entregarme a ella y a la otra persona, no avanza. Y por una vez quisiera estar tranquila en un vínculo confiando en que la otra persona va a seguir llevándolo y poniendo de su parte. Siento que siempre son unilaterales para mí, que soy laque más quiere, la que más interesada está y la otra parte pasa un poco del tema, hasta que se distancia cada vez más. Y no importa los esfuerzos que yo haga para evitarlo.
En unos días se lo comento a mi psicóloga, porque tener una discapacidad como mi neurodivergencia no debería hacerme inquerible (ni sé si existe pero se me entiende). Aunque sea muy independiente, siempre he echado de menos el típico grupito de amigos, o tener un «alma gemela» como esas amigas típicas de las películas que se quieren como hermanas. Y que sea incondicional, no «es que hablas muy poco, habla más», o «es que actúas así y así no me gusta, cambialo» y demás otras quejas en relación a la neurodivergencia que no puedo cambiar. Quiero que se acepte y se me adore así, tal cual soy ahora, que se me de lo mismo que doy y que por fin pueda relacionar las amistades a algo bueno y no a traumas.