Quizás estoy exagerando, así que me gustaría tener una opinión externa.
Tengo una plaza de C1 en la administración pública, una plaza que me costó sangre, sudor y lágrimas porque me la saqué cuando mi hijo era un bebé y sin ayuda de nadie, ya que mi marido trabaja fuera casi toda la semana y mi familia vive en otra ciudad. Tras tomar posesión, tenía la idea de subir de categoría por promoción interna pero, por si acaso, me presenté por libre a un A2 (es la categoría inmediatamente superior). Contra todo pronóstico, aprobé el primer examen y me preparé el resto de las pruebas a contrarreloj, combinando el estudio con el trabajo, el peque y las tareas domésticas. Insisto, no tengo absolutamente a nadie durante la mayor parte de la semana, y fue muy duro.
He aprobado. Y creo que a nadie de mi familia le importa. Mi hermana me mandó un «enhorabuena» muy seco, y no me ha cogido el teléfono desde entonces. Mi marido, que no comprende cómo va esto, pregunta que por qué es tan importante, si ya tengo una plaza. Mis padres han mostrado algo más de interés, pero tampoco me han hecho grandes fiestas que digamos. Sé que no puedo obligar a otros a alegrarse por mí, pero me gustaría un poco más de entusiasmo. Si mi hermana hubiera aprobado oposiciones, yo estaría encantada y me alegraría mucho por ella. Su indiferencia es lo que más me molesta, ya que tiene tiempo de sobra para responder mis llamadas, no trabaja, no estudia y mis padres le ayudan con su hija. ¿Le estoy dando demasiada importancia o realmente los demás no tienen por qué compartir mi alegría?
