Hola!! Vengo a desahogarme un poco. Antes de nada, gracias por escucharme, a las que se queden a leer este tocho que voy a escribir.
Quisiera aclarar desde un principio que vengo a contar una historia desde el punto de vista del lobo feroz (no fui la buena aquí)
Hace 2 años y medio empecé a salir con un chico. Él era bueno, amable, simpático, cariñoso, responsable, listo, honesto y bondadoso, y tenía inteligencia emocional, era el chico de mis sueños. Éramos amigos por un grupo en común que ambos teníamos desde hace años, pero no nos habíamos dirigido la palabra hasta hace 3 años, cuando empezamos a hablar en un paseo de vuelta a casa después de una quedada y ahí comenzó nuestra amistad, que unos pocos meses después daría lugar a una relación, que empezó después de un beso que me dió él. Yo ya me había fijado en él y al parecer era mutuo, era todo un sueño cumplido. Meses y meses de felicidad, amor y amistad, ilusión y novedad y alegría.
Yo siempre he sido muy insegura, desde el instituto. La inseguridad lleva a baja autoestima, y es la promotora principal de los celos, al menos en este caso. Mi novio siempre ha sido el típico cuyo círculo de amistades se compone del 90% de chicas. Y también era el típico que se pillaba de la mayoría de sus amigas al principio. Podía ser un mini cuelgue o casi llegar a enamorarse, y sólo en unas 3 ocasiones de las 7 fue correspondido.
El caso es que seguía siendo amigo de estas chicas, aunque ya no hubiese sentimientos de por medio. Y al principio no me molestaba, hasta que de repente comenzó a molestarme. Llevábamos cerca de 1 año y medio saliendo cuando empecé a sentir celos hacia la última chica que le gustó antes de fijarse en mi, se escribían mucho, se mandaban muchos mensajes por instagram y quedaban de vez en cuando. La chica majisima, muy buena gente. Pero yo empecé a sentirme celosa, celosa de que hablasen tanto, celosa de que se dieran «like» mutuamente en las redes sociales (ella también es la típica que sube muchas fotos medio «provocativas») y yo tengo una característica muy poco a mi favor: no sé disimular. Así que se empezó a notar cuando me molestaba que hiciera cualquiera de las cosas que he escrito arriba -Prometo que voy al grano, es por poner en contexto y no saltarme ningún detalle-. Hasta entonces no me había mostrado así ante él, y no habíamos tenido ninguna pelea. Una de las primeras fue porque había quedado a solas con ella. Sólo para ponerse al día, sólo para tomarse un café. Pero me molestó.
Y a partir de ahí ya empezó todo. Ponía caras raras, me cambiaba el tono, estaba más arisca. Era mencionarla, y ya me ardía la sangre. A la lista no sólo se sumó esa pobre chica, sino también su ex novia, por ejemplo, de la cual seguía siendo uno de sus mejores amigos y el que más la conocía. Era inseguridad en mi misma, pensaba que conocería a alguna chica que no fuera insegura y celosa y se iría con ella, porque esa chica no sería borde, ni mala, ni se pondría arisca a la mínima. Pasaron los meses y mis celos provocaron peleas, que llevaron a un bloqueo de las historias de instagram de esta chica, llamémosla Juanita, y a una reducción de las quedadas tanto con ella como con su ex, llamémosla Javiera. Pero no me era suficiente, quería que dejara de quedar definitivamente, ni en grupo, y quería que dejara de hablar con ellas. Una petición egoísta, inmadura e injustificable, que claramente, no cumplió, porque hacerle el vacío o abandonar a unas amigas era algo que iba en contra de sus principios como persona, evidentemente. Así que, para evitarse que le montara un pollo cuando hablaba con Juanita, y evitar que me doliese, cometió un error del que a día de hoy continúa arrepintiéndose: ocultarme que hablaba con ella. Bloqueó las notificaciones de los mensajes de instagram y me mintió en 2 ocasiones que se hablaba con ella cuando claramente había visto perfectamente su chat abierto.
Esas mentiras fueron la gota que colmaron el vaso; dejé de hablarle unos días porque no cabía en mi de la rabia y la decepción, y perdí mi confianza en él, sin oportunidad de recuperarla. Sólo 2 mentiras y una petición infantil que no se vio cumplida fueron los que provocaron que nuestra relación se fuese en decadencia, claramente, culpa mía, por dejar que me afectase tanto, y por no darle la oportunidad de recuperar mi confianza. Ya no me hacía reír tanto como antes, ya no dejaba que me consolase, ya no había lo que hubo en un momento. Empezó a haber más peleas, y aunque él se disculpó varias veces yo no quise perdonarlo, porque me seguía doliendo, me sentía traicionada, y aunque en el fondo sabía que no era justificable, me daba igual, la ira me consumía, y me dejé llevar. Pasaron los meses y yo ya no sentía que fuera feliz. Cada discusión que teníamos era una oportunidad en la que pensaba en dejarlo, pero me daba miedo estar sola, y le quería, no quería renunciar al futuro que nos habíamos planeado. Pero sabía que no estaba siendo justa con él, era borde, y le trataba con condescendencia y rencor. Me empezaron a molestar pequeños hábitos y vicios, y lo peor, características suyas, de su personalidad. Él habla por los codos, se va por las ramas, no se calla ni debajo del agua. No me solía molestar, pero empezó a hacerlo, y muchísimo. También contaba demasiados detalles que nadie le había pedido, se dejaba la cocina sin limpiar después de cocinar, se dejaba manipular por su familia, los profesores de la universidad, algunos de sus amigos, saltaba a la mínima, con cualquier cosa que hiciese o dijese, etc y poco a poco lo que no me había molestado, comenzó a hacerlo, y en gran medida. Era un caos, porque parecía que sólo veía lo negativo en él y en nuestra relación, obviando todo lo bueno que había, no podía evitarlo.
Para poner más en contexto nos adelantamos a mayo de este año. Todo lo que he contado sucedió entre junio del 2023 y marzo del 2024. En enero del 2024 entré a un curso universitario, y conocí a gente nueva. Chicas y chicos que poseían cualidades excepcionales, maravillosas, nuevas. Hicimos muy buenas migas y comenzamos a salir mucho, y acabé en un grupo de 3 con otros 2 chicos que eran muy simpáticos y divertidos. Comenzamos a hacer muchos planes juntos, después de clases tomábamos algo y en los días libres hacíamos excursiones y actividades diferentes, no había rutina alguna, cosa que con mi novio sí que había, con él sentía que siempre hacíamos los mismos planes, casa, tele y sexo. Con ellos era diferente, era nuevo todo y me divertía mucho, y eran amigos nuevos.
Hasta que me comencé a pillar por uno de ellos. Quizás era la emoción de hacer amigos, quizás era por su increíble físico, pero tenía cualidades que no le veía a mi novio, y me pasó que veía ese 40% que le faltaba a mi pareja en él; quiero decir, mi chico podía tener 60% de cosas buenas y 40% no tan buenas, y yo veía ese porcentaje en este chico. Intenté evitar que mis sentimientos o pensamientos creciesen hacia ese chico, mientras continuaba en convertirse en un gran amigo, pero no podía evitar sentirme infeliz cada vez que quedaba con mi novio y feliz cuando salían planes con mis amigos. Sé que lo hice mal, fui una hipócrita y quizás tuve que haberme alejado de ese chico, llamémoslo Paco, pero no quería. Junio fue un mes confuso. Le pedí a mi novio un tiempo para pensar, de la noche a la mañana, para reflexionar, para alejarme porque estaba saturada, me sentía dependiente de él, había celos, inseguridad, peleas y sabía que nuestra relación se estaba volviendo insostenible, sabía que no lo trataba de manera justa, y me alejé. En ese mes estuve con mis amigos, Paco y Fermín. En julio, decidí dejarlo. Me dolió un día, y después, apenas nada.
Desde marzo Fermín y yo nos habíamos hecho muy buenos amigos, vivíamos cerca y hacíamos muchos planes, tanto es así nuestra amistad que en julio nos fuimos a un festival juntos en otra ciudad. Esto acabó en que Fermín acabase pillando sentimientos por mi, y yo en rechazarlo, porque yo ya me había fijado en Paco, de nuevo, con más intensidad. En Agosto, acabamos Paco y yo en mi casa en la montaña, y me besó. Yo no le paré, y nos acabamos acostando. Desde entonces, somos amigos con derechos. Y no me arrepiento. Pero también desde entonces, continúo hablando con mi ex, y las peleas no han más que seguir en aumento. Él me echa en cara que no alejé a Fermín, asegurando que le empecé a gustar mucho antes de que se acabase nuestra relación, -cabe aclarar que yo no le presenté mis amigos a mi ex, no me apetecía- y que siempre hacía planes con él a pesar de conocer sus sentimientos hacia mí. También que hacía muchos planes con los demás amigos. Decía que prefería hacer planes con ellos a con él, y no se equivocaba. Ya no me apetecía quedar con él hacia el final de la relación, y ese tiempo que le pedí que debía ser duro, para mi no lo fue en absoluto, al contrario que para él, que lo pasó horriblemente mal.
Salto hacia el presente, casi en septiembre ya, yo estoy como nueva y él está destrozado, las veces que hemos quedado desde la ruptura en julio han sido peleas que han acabado en sexo. Yo quiero contacto 0, y él no quiere nada de eso. Le ofrecí volver a ser amigos, pero dice que es muy duro para él, y que si no alejo a mis amigos, sobre todo a Fermín, no volverá a tener una amistad conmigo hasta dentro de mucho, cuando ya no sienta nada por mi. Dice que su confianza en mi ya es nula porque le decepcionó que no alejase a Fermín, que es un gilipollas por meterse en nuestra relación (cuando es todo culpa mía y no de él) y que si quiero una amistad debo demostrarle que es mi prioridad, pero no es mi prioridad, dejó de serlo hace mucho. Ya no me apetecía darle prioridad en mi tiempo, prefería quedar con mis amigos, no estaba triste cuando pedí el tiempo y tampoco lo estuve cuando se acabó lo nuestro y ya no quería darle muestras de amor.
¿Soy una mala persona por haber pasado página tan rápido? ¿Por haberme acostado con un amigo 1 mes después de dejarlo, y seguir haciéndolo a día de hoy? ¿Por no arrepentirme de hacerlo?
Gracias por escucharme, a las que se hayan quedado hasta aquí.
Soy consciente de que no lo he hecho bien, y de que podría haber actuado mejor. Necesito consejos. Gracias.