Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Más que un solo motivo podríamos decir que son varios: el distanciamiento entre nosotras, ciertas actitudes que no me gustan y mi decisión en este último año de no socializar con gente ni en sitios que me consumen la energía vital, pero para ponernos en situación es necesario que nos remontemos bastante atrás en el tiempo.
Cuando yo conocí a Vivi ella ya estaba estudiando fuera. Era del grupo de amigos de quien era mi novio por aquel entonces y congeniamos genial desde el minuto uno, ya que aunque ella viviese en otra ciudad venía prácticamente todos los fines de semana. Terminó la carrera, se fue a otra ciudad esta vez más cerca de la nuestra a trabajar y se echó un novio que no es que no me cayera bien a mí, es que creo que no nos caía bien a nadie porque no nos parecía trigo limpio. Años después salió a la luz que tras ese flequillo de buen chico y esas gafas de informático tímido se escondía una de las personas más turbias que me he echado a la cara, pero eso en sí da para otra historia. El caso es que, siempre que venía a nuestra ciudad, Vivi se traía a su novio y le acoplaba a todos nuestros planes, hasta el punto de que tanto yo como el resto le invitábamos a nuestros cumpleaños aunque no nos hiciera gracia porque yo qué sé, no era plan tampoco poner en una situación incómoda a nuestra amiga, entendíamos que ya que venían de fuera no sería muy correcto plantear que su novio mejor se quedase en casa de sus padres mientras ella salía.
Total, que pasó el tiempo, yo corté con mi chico aunque seguimos siendo buenos amigos y empecé a salir con otro chico meses después, y cuando llegó el día del cumple de Vivi y me invitó dio la casualidad de que yo tenía planes con Jorge, mi actual pareja. Claro, yo tonta de mí, que siempre había invitado al novio de Vivi y que además sabía que siempre celebraba el cumple en el campo (no en una parcela suya, no, en el puñetero campo), di por hecho que no habría problema en que Jorge viniese y se lo comenté con toda la naturalidad del mundo. Cuál fue mi sorpresa cuando mi amiga me dijo que mejor que no viniera, que igual había gente del grupo que se sentía incómoda o molesta porque viniese mi novio. Os podéis imaginar la cara que se me quedó: no es que haya sido yo nunca de dar por hecho que las parejas tienen que ir en pack, yo he salido cantidad de veces sin mi novio y mi novio sin mí, pero mi grupo siempre había sido muy abierto a que viniera gente nueva, ya fueran parejas o amigos de amigos, y me costó un rato darme cuenta de que lo que molestaba en mi grupo no era mi novio, sino el hecho de que mi novio, mi ex y yo nos siguiéramos llevando bien. Obviamente me enfadé y le dije a Vivi que lo sentía mucho, pero que si mi novio no era bienvenido yo tampoco, y que no iba a dejarle colgado teniendo ya planes por ir al cumpleaños de alguien que me devolvía así el haber integrado en mis planes a su pareja durante años. Hay que decir que Vivi recapacitó y se disculpó conmigo, me dijo que tenía razón y que sentía muchísimo haber dado importancia a comentarios malintencionados de terceras personas y que por supuesto que Jorge podía venir, que además a ella personalmente le caía muy bien y que si alguien tenía algún problema pues que no fuera, así que lo hablé con Jorge y aunque no me convencía mucho el plan al final sí que fuimos. Lo cierto es que el cumpleaños fue bien y nos divertimos bastante, aunque yo no podía dejar de tener la sensación de que algo se había roto entre mis amigos y yo, pues sabía que alguien de los allí presentes tenía que ser quien le había dicho a Vivi que mejor que mi novio no fuera, y la verdad es que eso me dolía bastante.
Desde aquel cumpleaños ha pasado ya bastante. La última vez que estuve con Vivi fue en su último cumple, va a hacer ahora un año justo, y bueno, no estuvo mal, pero hay algo que lleva mosqueándome desde hace tiempo: yo sé que sigue viniendo a la ciudad con bastante frecuencia y me entero siempre por redes sociales. Ya apenas hablamos, y las pocas veces que nos hemos visto ha sido porque nos hemos encontrado por ahí y siempre me ha puesto excusas del estilo a: ‘’tíaaa, a ver si otra vez que venga con más tiempo te digo algo y quedamos, es que he venido a hacer unas gestiones y no pensaba quedarme mucho’’, y claro, eso puede colar en otras circunstancias, pero no en medio de una discoteca a las 03:00 con un cubata en la mano y más cuando las excusas son siempre las mismas.
Que no me molesta que venga y no me diga nada, tengo amigas a las que me puedo tirar sin ver meses y que también vienen a menudo pero que a lo mejor hacen otros planes, la diferencia es que esas otras amigas no me mienten, no parecen sentir la necesidad de justificarse cada vez que nos cruzamos por la calle o de fiesta, me saludan, me abrazan y hablamos con toda naturalidad de los planes que tenemos, de si nos apetece más o menos socializar y de que ya nos veremos cuando sea. Pero sinceramente, con Vivi tengo la sensación de que hace mucho que la confianza se rompió entre nosotras y de que me sigue invitando a su cumple por compromiso, porque piensa que si no tal vez me enfade o me ofenda, y nada más lejos: soy consciente de que han pasado muchos años y de que no podemos pretender que el grupo que teníamos a los 18 años se mantenga unido e inamovible más de 10 años después.
Lo que tengo muy claro aunque me haya costado llegar a esta conclusión es que no quiero estar en lugares a los que se me invite por compromiso: mi círculo ahora es mucho más pequeño, pero quiero que se componga de personas con las que estoy a gusto y que realmente me quieren en su vida y en sus momentos especiales, no quiero estar donde no encajo y eso no es ni bueno ni malo, simplemente la vida cambia y las personas cambiamos con ella.
Con1Eme
