Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
A estas alturas de la vida y frisando ya la treintena sería de esperar que todo el mundo tuviera claro que las relaciones, ya sean de amistad, de pareja o de familia, son un toma y daca, un ‘’hoy por ti y mañana por mí’’. Pues bien, parece ser que no, que hay gente que no lo tiene tan claro como debería y en cuyas relaciones impera una ley del embudo cuya parte ancha siempre se dirige hacia ellos. Eso ha sido lo que me ha pasado recientemente con mis amigos, que más que mis amigos son amigos de toda la vida de mi novio pero a los que después de tantos años llevaba mucho tiempo contando entre mis amistades.
Hasta que me he cansado, porque como solía decir mi madre, tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe, y este cántaro ha acabado hasta las narices de tener que ir siempre a la fuente.
Resulta que estos cuatro amigos se fueron a vivir a Madrid por trabajo, mientras que mi novio y yo nos hemos quedado en nuestra ciudad natal, él trabajando y yo terminando mis estudios. Ellos cuatro, que además vienen de familias no millonarias, pero sí acomodadas, y que además tienen a día de hoy muy buenos trabajos (cosa que se han currado, por supuesto) hacen su vida y sus planes entre ellos sin contar con nosotros, hasta el punto de que nos hemos pegado más de un año sin casi saber de ellos. Esto no me parece mal, entiendo que tienen su vida, que su ritmo es distinto al nuestro, que vivimos relativamente lejos y es normal que no cuenten con nosotros igual que nosotros no contamos para todo con ellos. Sin embargo, a lo largo de este año no han sido pocas las veces que han venido a nuestra ciudad a ver a su familia y nos hemos enterado por redes sociales, porque de ellos no ha salido el avisarnos o el tratar de quedar a pesar de que en más de una ocasión hemos querido contar con ellos. Jamás les hemos reprochado que no nos avisasen, simplemente hemos seguido con nuestra vida y les hemos reiterado que si algún día venían por aquí nuestra casa es su casa, pues la familia de uno de ellos no vive aquí, sino en un pueblo cercano, y en más de una ocasión ha tenido que irse antes o ha renunciado a quedar por no coger el coche por la noche. Vamos, que es verdad que no somos los amigos más empalagosos del mundo y que podemos tirarnos meses sin escribir, pero a lo largo de más de un año no puede decirse que haya sido culpa nuestra el que no nos hayamos visto.

En esto que llega el puente de Todos los santos y después de tanto tiempo se les ocurre que planifiquemos algo, y por supuesto el plan que idean es en Madrid. A mi novio y a mí no nos hizo mucha gracia por varias razones, por lo que les propusimos hacer como otros años y coger una casita rural, o hacer un plan en nuestra ciudad aprovechando que todos ellos tienen familia aquí y les resultaría más fácil venir que a nosotros. Y es que sí, ellos nos invitan a Madrid, pero pagando de nuestro bolsillo transporte, alojamiento y comida, porque ninguno de ellos nos ofreció quedarnos en su casa y qué queréis que os diga, por mucha confianza que hubiera ni mi novio ni yo nos íbamos a acoplar por la cara sin una invitación previa. Así que se nos acumulaban varios problemas: no podíamos dejar a nuestro gato solo, pero tampoco meterlo en un hotel. No podíamos dejarle en casa de mis padres porque ellos tienen un perro que odia a los gatos, ni en casa de mi suegra porque ella tiene dos periquitos y mi gato no los dejaría en paz. Teníamos que decidir si nos llevábamos el coche teniendo en cuenta lo horrible que es para nosotros conducir por Madrid o si íbamos en autobús y nos movíamos en transporte público. Además, nos habíamos ido de vacaciones el mes antes y eso había supuesto un gasto, por lo que tras mucho valorar los pros y los contras escribí un mensaje por el grupo explicando los motivos por los que preferíamos que vinieran ellos a nuestra ciudad o dejar la quedada para otra ocasión. ¡Bueno, en qué hora diría nada! Poco más y se desata la tercera guerra mundial: Fran nos echó en cara que no tuviéramos en cuenta su situación, pues si venía él tendría que dejar solos a su novio con su perro y con un amigo que había venido de Galicia a pasar el puente con ellos; Alejo se puso modo coach a soltar una tremenda retahíla sobre que querer es poder, que demostrábamos no tener interés en pasar tiempo con ellos y que buscábamos excusas en vez de soluciones; Mariví me reprochó que había sido demasiado agresiva y que mi manera de expresarme sobraba, y Candela escribió que se notaba demasiada tensión en el grupo y que mi chico y yo habíamos roto la armonía al no tratar de adaptarnos a sus planes y que estaba a punto de llorar. Y aquí ya exploté, porque habíamos tratado de explicarles por activa y por pasiva que no nos venía bien ir a Madrid, que no pasaba nada, que podíamos quedar en cualquier otra ocasión y ellos habían seguido adelante con sus planes sin hacernos ni puñetero caso por más asertivamente que habíamos expresado nuestro punto de vista y nuestros inconvenientes. Así que salté y solté todo lo que llevaba tanto tiempo callańdome: que no se acordaban de nosotros ni para felicitarnos por nuestros cumpleaños, que en más de un año ya se podrían haber aplicado el ‘’querer es poder’’ de Alejo y haber hecho por vernos, que Fran sólo se acordaba de su novio y de su perro para posturear y usarlos como arma arrojadiza y que desde luego, ni la snob de Mariví ni nadie me iba a decir a mí cómo narices tenía que expresarme. Y que ya estaba bien, que todos esgrimían su salud mental y sus problemas para justificar sus acciones y que ahora era yo la que por mi propio bien elegía salirse del grupo, porque no les aguantaba ya más.
Me fui del grupo y parece ser que se hizo el silencio. Según mi novio nadie más volvió a hablar hasta que fue él mismo el que mandó un mensaje tratando de calmar los ánimos y diciéndoles que podíamos quedar más adelante, que no era necesario quedar en esas fechas sí o sí, pero volvieron a saltarle más o menos con las mismas y acabó mandándoles a freír espárragos.
Debo admitir que al principio me sentí culpable, porque aunque traté de ser lo más respetuosa siempre me ha acomplejado el carácter que tengo, y me sentía mal por la posibilidad de que mi novio se alejase de sus amigos de toda la vida por mi culpa; sin embargo lo hablé con él y me dijo que no me preocupase, que él llevaba ya tiempo quemado con ellos y que entendía que si me había salido del grupo era porque me iba a enfadar mucho más si seguía leyendo reproches y críticas de personas que llevan tanto tiempo sin acordarse de que existimos.
Hace unos días escribió a Fran para felicitarle por su cumpleaños, y me dijo que le había dicho que por aquellas fechas estaba tenso por otras cuestiones y que le gustaría hablar conmigo y rebajar tensiones. Pero la verdad es que a mí, al menos de momento, no me apetece, porque siento que igual que no nos han tenido en cuenta durante todo este tiempo para hacer planes tampoco tienen en cuenta nuestro bienestar. Estoy muy a gusto con mi círculo pequeño, con mi pareja, mi familia y un par de amigos, y por primera vez en mucho tiempo he decidido que voy a priorizar mi salud mental y social, y al que no le guste, que le den morcilla.