Dicen que donde las dan las toman y es lo que me ha pasado a mi. Vengo a contarlo para que veais que el karma existe porque ahora mismo las estoy pasando muy putas y me he dado cuenta de que todo ha sido culpa mia y solo mia (bueno, en parte).
Me fui a vivir con mi novio hace tres años ya llevábamos un tiempo juntos y la cosa funcionaba muy bien así que blanco y en botella. Pero como siempre he sido un espíritu libre me fui haciendo muy amiga de un vecino y al principio solo hablábamos de tonterías y nos reíamos un rato en el rellano pero llegó el día, bueno la noche, en la que lo invité a ver una película y comer una pizza mientras mi novio estaba de turno nocturno en el trabajo.
Mi novio sabía que teníamos ese buen rollo pero lo que no supo fue que esa noche después de ver la peli echamos nuestro primer polvo y de ahí en adelante siempre que podíamos quedábamos. Lo hacíamos tan bien que nadie a nuestro alrededor sabía nada, mi pareja nunca puso nada en duda, mi vecino y yo siempre nos veíamos o en mi casa o en la suya, y prácticamente todo eran polvos rápidos menos cuando nos coincidía que mi novio estaba trabajando que ya nos currábamos un poco más las quedadas.
Estuvimos con la historia más de dos años y si queréis saberlo nunca jamás me sentí mal. Para mí los polvos con mi vecino eran como una vía de escape. Mi relación con mi chico era la primera formal que tenía y me sentía demasiado atada, como asfixiada por tanto compromiso con una sola persona. Pensaba que esas quedadas eran como algo que me merecía por lo bien que lo estaba haciendo con mi novio. Además mi vecino nunca me propuso nada más allá él también tenía sus líos y sus parejas y no pasaba nada.

Un buen día me dijo que se iba de la ciudad y punto. Ahí terminó lo que fuera que teníamos. De alguna manera me sentí vacía al no tener esos ratos de sexo sin ataduras pero decidí centrarme en mi relación y empecé a darlo todo por un noviazgo sin cuernos de ningún tipo.
Pero claro yo no estaba hecha a relaciones monógamas y según parece mi novio se empezó a agobiar con mis historias. Me convertí en una total dependiente, encima desconfiando siempre de cualquier mujer que se acercara a mi chico. Él no entendía ese cambio y empezamos a discutir mucho más. Por mi parte solo sabía ir a trabajar y echarle en cara que no saliésemos más o hiciésemos planes diferentes. Quería estar con él pero me sentía agobiada de nuevo.
Un buen día una chica llamó al telefonillo de casa. Mi novio estaba en el trabajo y yo imaginé que era mensajería o algo por el estilo. Al abrir la puerta me encontré a una de sus compañeras de trabajo, la miré y le pregunté qué necesitaba. Se puso tan nerviosa que solo me dijo que nada y se fue corriendo. Cuando él llegó le comenté lo que había pasado y no fue capaz de mentirme, me dijo que lo sentía mucho pero que llevaba un tiempo viéndose con esta chica. Fue tan frío en su forma de soltármelo que no me lo podía creer más que nada porque la fría de la relación hasta entonces había sido yo.
Me llené de rabia y para darle en las narices le conté con pelos y señales la gran cantidad de veces que me había acostado con aquel vecino que le caía tan bien. Al principio no me creyó pero le dije que si desconfiaba tuviera los cojones de llamarlo y preguntarle directamente. Me llamó de todo, yo a él, y al final llegamos a la conclusión de que los dos nos lo merecíamos.
Le dije que lo perdonaba y que le daba una oportunidad pero él me dijo que ni perdón ni nada, que yo podía salir desfilando de su casa porque nuestra relación había sido lo más tóxico de la historia. Así que me vi sin un duro, sin piso, sin nada y todo por no saber tener una relación adulta en condiciones. El karma, chicas, el karma existe.