Durante siete años viví el sueño de mi vida. Tenía un trabajo que me apasionaba, bien remunerado, uno de esos que no solo te da de comer, sino que te da identidad, orgullo y sentido. Me levantaba cada mañana sabiendo que estaba exactamente donde quería estar. Pensaba que ese era mi sitio en el mundo.
Y de la noche a la mañana, se acabó.
Recortes. Despido. Fin.
No hubo transición, no hubo tiempo para asimilarlo. Pasé de vivir un sueño a despertarme en una realidad que no reconozco. Ahora estoy a la espera de un par de entrevistas para volver al mismo gremio, aferrándome a la esperanza de regresar algún día… pero mientras tanto, he tenido que volver a trabajar en hostelería.
Antes de aquel trabajo soñado ya había pasado por ahí. Un par de años. Y no voy a edulcorarlo: es un trabajo que odio con todas las letras. Sé que es honrado, sé que me ha dado de comer y estoy profundamente agradecida de poder contar con él cuando todo falla. Pero eso no quita que me esté rompiendo por dentro.
No lo estoy gestionando bien.
Me dan ataques de ansiedad.
Me siento deprimida.
Me miro al espejo y me veo fea, vieja, fuera de lugar.
Estoy cerca de los 40, y eso lo empeora todo. Siento que ya no tengo margen para equivocarme, que el tiempo corre en mi contra, que empiezo de cero cuando ya debería tenerlo todo más o menos claro. Verme aquí, a esta edad, me desanima de una forma que no sé explicar.
Cambio constantemente de sitio porque no consigo encajar en ninguno, y sé que eso es contraproducente, pero no puedo evitarlo. Me siento perdida, vacía, como si todo lo que fui se hubiera quedado atrás y no supiera cómo volver a ser yo.
Lo más duro no es solo el trabajo, es la sensación de haber tocado el cielo y haber caído tan bajo. Es saber de lo que eres capaz y sentir que ahora mismo no eres nadie. Es levantarte cada día con un nudo en el pecho y fingir que todo está bien porque “hay que ser fuerte”.
He pensado en ir a un psicólogo, porque sé que lo necesito, pero ahora mismo no puedo permitírmelo. Mis ahorros son pocos y cada gasto duele. Así que hago lo que puedo: escribir aquí, con la esperanza de que alguien me lea y me entienda.
