¡Hola! Me gustaría compartir con vosotras mi experiencia en el hospital.
Hará unos tres años acudí a urgencias y los médicos decidieron que era mejor dejarme ingresada. Esta situación se alargó cerca de medio mes.
Al inicio de mi ingreso me dieron un pantalón que me iba bastante justo, le pedí a la auxiliar una talla más y me dijo que todas las mañanas nos traían un pijama nuevo para cambiarnos, que me esperara a entonces y me traerían otra talla.
Esperé,y cuando por la mañana me trajeron el pijama limpio era otra vez la misma talla. Esta escena se repitió tres veces más hasta que me informaron que la talla 48 era tallaje especial y que no disponían de él. Cuándo pude recibir visitas le pedí a mi pareja un pijama de casa.
Unos días después varias auxiliares estaban aseando a la señora de la cama de al lado cuando escuché a una de ellas decir «Mira, esa es a la que no le entra la ropa» y sí, se referían a mi.
Ese mismo día me hicieron una punción lumbar. Estaban allí presentes el neurólogo, residentes, enfermeros y las mismas auxiliares. Hasta en tres ocasiones me clavó la aguja, pero lo peor fue cuando se justificó diciendo » si la paciente estuviese más delgada esto sería más fácil». Y yo allí, rodeada de 10 personas, la aguja clavada hasta la médula y sintiéndome humillada hasta decir basta. Me dijo de volver a intentarlo a la mañana siguiente y ya estallé, le dije que a la mañana siguiente iba a seguir estando igual de gorda, que lo hiciese bien en ese tercer intento o no lo volvía a hacer.
Cuándo me dieron el alta y leí su informe, en observaciones estaba claramente escrito «La paciente se niega cooperar en la punción».
