Buenas a tod@s!
Llevo leyéndoos algún tiempo y es la primera vez que me atrevo a escribir para contar mi vida, ya que normalmente suelo ser bastante reservada. Intentaré ser breve, aunque no creo que lo consiga.
La historia empieza este verano, tindereaba un poco for fun después de unas cuantas experiencias poco menos que desastrosas, cuando le encontré. Misma ciudad, mismos intereses, guapo y con cara de ser buena gente. Like. Match. Perfecto. Empezamos a hablar y tras un par de semanas, decidimos quedar a tomar algo. La primera cita fue genial, de esas de las que no quieres volver a casa pero hay que madrugar al día siguiente ¡y mierda!. Acabó con tres besos largos y ganas de repetir. Yo me iba de vacaciones y tenía miedo de dejarlo enfriar y no volver a verle. Pero no pasó, hablábamos un poquito cada día, y volvimos a quedar 3 semanas después (reconozco que puse bastante intención por mantener el contacto, es que de verdad, me quedé flipada con él). Misma química, sonrisas y hambre de besos. Al final, acabamos en mi cama. Todo viento en popa, a toda vela. Incluso hicimos planes para irnos de escapada un fin de semana. Probablemente penséis que era demasiado pronto, y tendréis razón, pero él me encantaba y me encantaba el plan que proponía. Y lo pensábamos para un par de meses vista, por lo que pensé que nos daría tiempo a quedar un poco más hasta entonces. Bueno, pues el muchacho tiene la agenda que ni el Papa, y nos vimos un par de veces más (sexo incluido), organizando el viaje vía whatsapp. Me daba un poco de vértigo pasar de vernos un ratito entre semana a pasar todo el fin de semana juntos, pero al final lo pasamos bien y acabamos agotados, muchas actividades planeadas, y muchísimas ganas de privacidad (ninguno de los dos está independizado).
¿Pues que bien, no? Veréis, mi consulta es que después del viaje, por temas de agenda (y vacaciones de él) no nos hemos vuelto a ver, y han pasado unas 3 semanas. Sé que le gusto, seguimos hablando casi todos los días y muchas conversaciones son muy muy subidas de tono. Sin embargo, algunas amigas me han dado su opinión, y creo que tienen razón cuando dicen que si estuviera interesado en algo serio, ¿no haría algún hueco para verme un rato y pasar de los mensajes al «Live action»? Y si quiere algo informal, ¿por qué irse de viaje con una «casi desconocida»? (para mí planear un viaje implica cierto compromiso -mínimo-, pero igual soy la rara).
Aclaro que no sabemos de las relaciones pasadas del otro, ni hemos introducido «La conversación» (Qué somos, a dónde vamos, de dónde venimos), porque objetivamente es muy pronto como para meternos en ese jardín (nos conocimos en julio), y porque no quiero presionar y llevarme el chasco (me temo que me estoy pillando y me da un miedo tremendo darme la hostia, porque es el chico con el que mejor he conectado desde hace casi un año de tinderismo).
¿Creéis que me estoy comiendo demasiado el tarro? ¿A dónde lleva esto?