A ver si soy yo la rara.
En septiembre tengo una boda de un primo con el que antes tenía bastante relación, pero desde hace años apenas hablamos. Nos vemos en Navidad si coincidimos y poco más.
Cuando recibimos la invitación nos hizo ilusión al principio, pero empecé a echar cuentas y casi me da algo.
Entre el regalo (porque ya sabemos más o menos lo que «se espera»), el hotel porque la boda es fuera, la gasolina, un vestido porque el que tengo ya me lo han visto en varias bodas, los zapatos… se me van casi 500 €.
Y eso sin contar que mi pareja también tiene que comprarse algo.
Lo que más me hace dudar no es el dinero en sí, sino pensar que llevo años sin tener una conversación de más de cinco minutos con los novios.
Si mañana me los cruzara por la calle, nos saludaríamos con cariño, sí, pero poco más.
Sin embargo, si digo que no voy, ya sé que en la familia van a empezar los comentarios de «para una boda que tienes…» o «luego no te quejes si no van a la tuya».
Mi madre ya me ha dicho que una boda de un primo no se rechaza.
Y yo cada vez tengo menos claro que haya que ir a todos los compromisos simplemente porque toca.
¿Vosotros iríais aunque os supusiera ese gasto o creéis que llega un momento en el que es totalmente válido decir que no sin sentirse culpable?
