Mi vida dio un vuelco cuando supe que estaba embarazada. No fue un embarazo buscado, pero mi niña es lo más querido que tengo.
Me tocó dejar mi casa y a los míos para irme a vivir a una gran ciudad. Echo muchísimo de menos a mi familia, especialmente a mi madre. Mis suegros nos cuidan y nos tratan de maravilla, y estoy muy agradecida por ello, pero no es lo mismo. Me siento bastante aislada porque no consigo que mis amistades ni mi familia vengan a verme aquí. Estoy intentando crear una pequeña red de apoyo, pero de momento no me está resultando nada fácil.
Mi hija tiene solo un mes y medio y separarme de ella me cuesta muchísimo. Además, mi pareja ha tenido algún que otro despiste con ella y, por cosas que han pasado, todavía hay momentos en los que no confío al cien por cien. Aun así, lo hemos hablado y él lo entiende, está poniendo de su parte e intenta hacerlo cada vez mejor.
A veces me pregunto cómo gestionáis el tema de los ruidos en los bloques de pisos. Para mí es algo completamente nuevo y me está costando adaptarme. ¿Os acabáis acostumbrando? ¿Tenéis algún consejo para llevarlo mejor?
Y, por último, están los portazos. Os juro que cuando venía a dormir aquí antes no los notaba tanto, pero ahora los oigo constantemente, a todas horas, y me tienen completamente amargada. Supongo que el posparto y el estar tan pendiente de la bebé tampoco ayudan, pero siento que cualquier portazo me pone en estado de alerta.