Es de risa, lo sé, pero me ha dado mucha rabia lo que me pasó ayer con una amiga.
Dejé de fumar hace 6 meses y la semana pasada me hice una analítica. Y fui a mi médico de cabecera. Salí la mar de contenta, porque a pesar de haber engordado 11 kilos a raíz de dejar el tabaco, he mejorado en todo, ni glucosa, ni colesterol, ni ácido úrico… Encima me ha bajado la tensión y me ha quitado una de las dos pastillas que me tomaba al día.
Besos y abrazos por parte de mi marido y llamo a mi «mejor» amiga para contárselo. Su respuesta:
NO PUEDE SER, CON LO GORDA QUE ESTÁS!!!

Y me suelta una perorata de que he comido muchísimo, que no me muevo del sofá, que con mi trabajo (soy artesana) no me muevo, ni ando, ni nada. Que hay que ver, que la virgen se le aparece a los tontos… Y qué me repita el análisis.
A eso le digo que a qué viene ese discurso y que a freír espárragos, que a machacar a otra y que ya me explicaría qué le pasaba.
Me ha sentado muy mal su reacción, a todo esto yo tengo 52 tacos y ella 60, que ya no estamos para tonterías de ningún tipo, por lo menos yo.
Perdón por el tocho, pero me ha dolido muchísimo lo que me dijo, siempre fuimos uña y carne y ahora creo que ni uña ni carne, solo interés por ser casi su asistente personal (eso es otra historia).
Gracias