Me remonto a un día de playa de finales de verano. Estaba yo jugando al juego del cambio de pareja. Me gustaba liarme con un amigo que estaba casado y a ella le gustaba liarse con otro amigo común, así que yo hacía ver que algo teníamos ese amigo y yo para entrar al juego del intercambio, y algo pillábamos de vez en cuando.
Esa tarde estábamos los cuatro en la playa tomando el sol. Echándonos unas risas y poco más, pasando el rato. Y se hizo la hora de volver a casa. El matrimonio se quedaba porque tenían apartamento y yo me volvía con el amigo en su furgoneta.
Íbamos animados como si se nos hubiera ido la mano con el alcohol, cuando ni lo habíamos probado. Pero a veces el subidón que te dan las hormonas es tal que parece que vas beodo perdido. Él conducía y yo iba con el móvil, wasapeando, rescatando retazos de la tarde que habíamos pasado juntos. Y narrándole la crónica de las tonterías que todavía iban surgiendo.
De golpe se me iluminó la bombilla y le digo, ¿tu quieres una foto de las tetas de la doña? Jajajajaja, a ver…
Que las tetas él ya se las habría visto, pero el juego era divertido y tener en el móvil la foto para él solo para pajillearse cuando le conviniera, pues por que no, pero a ver cómo la convencía yo para eso.
Y entre risas le digo que se baje la cremallera del pantalón un poco y saque por ahí un dedo. Os podéis imaginar. Bueno, es que lo podéis probar incluso. Tomado el plano únicamente de la cremallera y el dedo, así como ampliado, con venas y todo, cualquiera hubiera dicho que era una fotopolla con todas las de la ley. Y allá que te va, de camino a la playa.
No tardó ni diez segundos. De vuelta teníamos las tetas de la menda en un primer plano estirada en la toalla tomando el sol, en una actitud inocente, como el que ha sido cogido por sorpresa y no se ha dado cuenta. Que se moría de ganas de enviárselas, seguro, pero pedírselo abiertamente hubiera sido un poco cutre. Pero la niña vió el manubrio desbocado asomando por la bragueta y tiempo le faltó.
Lo que nos llegamos a reír. Y él conduciendo y doblado de la risa que no daba para más. Pero he de decir que aunque seguro le encantó aquella foto de su musa posando sólo para él, con la que nos recreamos y no dejábamos de mirar era con la otra, la que parecía lo que no era. La dedopolla 😉