Mi marido y yo tenemos siempre discusiones en las cosas importantes. Nos tuvimos que casar por la iglesia para que a sus padres no les diera un jamacuco. Todas las Navidades debemos ir con ellos a la misa del Gallo porque es tradición familiar y sería una tragedia no hacerlo. Por supuesto no existe la posibilidad de viajar en Navidades, son sagradas y se pasan en familia.

Ahora que estamos planteándonos tener un hijo ya me han dejado caer que si es niño hay que ponerle el nombre de mi suegro porque es tradición y que debe ser bautizado a los pocos días de nacer.
¡No puedo más! Siento que es una secta que le tiene atrapado entre tradiciones e ideas desfasadas y me jode que él nunca les vaya a plantar cara para defender mis ideas. Es como si lo que yo creyera no fuera tan importante.