Conocí a Víctor a través de un foro, él vivía en Alicante y yo en Madrid, pero aprovechando un viaje de mi madre a esa zona, me fui con ella para poder conocerle tras unas semanas hablando.
La primera impresión fue buena, físicamente era un pibón y cuando le vi flipé: un tiarrón de metro noventa, moreno, con una chupa de cuero… Wow.
Aunque he de decir que el saludo no fue lo que me esperaba, en vez de darme un abrazo o dos besos (lo normal), vino directito a meterme un morreo de película y yo, como estaba en una nube, pues me dejé llevar y le metí la lengua hasta la campanilla.
Planificó el resto del día para enseñarme sitios de su ciudad, comer en sitios ricos, conocernos más… La cosa iba bien,hasta que nos cruzamos con un par de sus compañeros de trabajo, los cuales me miraron como conejillos alumbrados por un coche, y me presentó: “Esta es Laura, mi chica”, os podéis imaginar mi cara… Que yo estaba encantada con él, pero… literalmente nos acabábamos de poner cara. Me resultó bastante raro, pero me dejé llevar y pensé: “bueno, si le hace ilusión qué más da, si en un rato me voy”.
Tras hablar con ellos cinco minutos, continuamos nuestro camino y me dijo que había reservado una habitación de hotel, por si la cosa iba bien y nos apetecía pasar la noche juntos. Por un lado pensé que igual era mejor volverme al hotel con mi madre, pero por otro lado pensé… “joder, ya que he venido a Alicante, voy a aprovechar”, así que le dije que por mí, estupendo.
Compramos algo de cena y nos fuimos al hotel. Cuando montamos en el ascensor íbamos solos, dejamos la bolsa de la cena a un lado y empezamos a enrollarnos a saco, toqueteándonos por todas partes, hasta que metió la mano en mis bragas, me miró fijamente y me dijo: “voy a hacerte lo que yo llamo la técnica del pulpo”, no sé cómo aguanté la risa, porque por dentro estaba descojonándome, pero ahí estaba yo, entregada a ese momentazo.
Empezó a meterme mano en mis partes y madre mía, eso no había por dónde cogerlo… No sé si habéis visto Scary Movie, pero en mi cabeza, su mano era como la del mayordomo que aparece en la peli con su mano “buena”, qué horror.
Llegamos a la planta en la que estaba nuestra habitación y pensé “por favor, que la cosa mejore”… Pero qué va, esa había sido la primera de varias catástrofes.
Tras el magreo del ascensor, decidimos cenar primero y luego darnos el postre, y yo que soy muy previsora, me había comprado un conjuntito muy mono para la ocasión por si se daba el caso, así que fui al baño a lavarme un poco y a prepararme mientras él se acomodaba en la cama.
Tardé literalmente 10 minutos, ni uno más, y cuando salí del baño se había quedado esnucado en la cama, así que me tumbé con cara de circunstancia a su lado y me puse a ver la tele.
Al ratito se despertó pidiéndome perdón y con ganas de marcha, y dije “venga va, vamos a ver si esto mejora”. Como podéis ver, yo no perdía la esperanza.
Nos pusimos al tema y después de un rato de calentamiento, cuando por fin me la iba a meter, chicas, qué decepción… Siempre he sido partidaria de que el tamaño no importa y cuando le metí mano me dio igual, pero a la hora del mete-saca no notaba absolutamente nada por ahí abajo, era como si me metiera el dedo meñique.
A pesar de ello, intenté disfrutar y el chico se esforzaba, todo sea dicho, pero no había manera… Llegó un punto que me aburría y no me quedó otra que fingir el orgasmo para acabar con aquello cuanto antes.
Él no se había corrido, le pregunté si le echaba una mano y me dijo que no hacía falta, que él se apañaba… Yo, para ayudarle, empecé a tocarme delante suya y a poner poses sugerentes, él se tumbó y oye, la verdad que la escena me estaba poniendo bastante, hasta que llegó el momento en el que se corrió y se salpicó a sí mismo en un ojo. EN UN OJO. Mi cara fue un poema y él lo notó, se fue al baño corriendo sin decir nada para lavarse, y yo aproveché, salí a la terraza y me descojoné yo sola pensando: “¿qué estoy haciendo aquí?”
Volví dentro y nos metimos en la cama para dormir.
A la mañana siguiente, le dije que tenía que volver al hotel con mi madre, por la tarde volvíamos a Madrid.
Me acompañó al bus y me dijo que se lo había pasado en grande, que iba a echarme mucho de menos y que quería repetir una y mil veces. Yo con cara de circunstancia, le dije que igualmente, a ver, ¿qué iba a decirle en ese momento?
Cuando llegué a Madrid hablé con él y le dije que me había parecido muy majo, pero que no había notado feeling y que sintiéndolo mucho, era mejor dejar ahí la historia.
Se lo tomó fatal y me dijo que no entendía por qué “rompía” con él… En su cabeza teníamos una relación (no sé en qué momento), me echó en cara que me había presentado a sus compañeros de trabajo. Le expliqué la situación y con muuuucho tacto, le dije que sexualmente no había fluido todo como esperaba, pero que era un chico majísimo y que esperaba que le fuese todo bien.
Tras varios mensajes en los que me intentó dar pena, dejé de saber de él.
Yo creo que fue su primera vez o bien que llevaba años sin tener una relación, no sé.
¿Qué pensáis vosotras? ¿En qué momento un tío que acabas de conocer te presenta como su chica? Y lo más importante, ¿en qué momento se te ocurre decirle a una tía que vas a hacerle lo que él llama, la técnica del pulpo?
