No sé qué pensáis vosotras, pero a mí estas declaraciones me parecen de una poca vergüenza tremenda.
Jordi Cruz ha hablado sobre cómo la paternidad le cambió la vida después de tener dos hijos con su mujer. Hasta ahí, perfecto: él está encantado, siente que ahora su vida tiene otro sentido y asegura que sus prioridades cambiaron completamente cuando nació su primer hijo.
El problema llega cuando convierte su experiencia personal en una recomendación para todo el mundo:
«Hay que tener hijos, aunque sea uno y aunque no te guste».
Según explica, tener hijos es un «complemento bonito» para esa segunda etapa de la vida en la que la pareja cambia, la química ya no es la misma y una misma deja de ser su principal prioridad. También cuenta que fue su mujer quien lo animó a ser padre y llega a decir, en tono de broma, que ella lo «obligó».
A ver, Jordi.
Un hijo no es un complemento. No es una actividad para evitar que la pareja se aburra. No es algo que haya que hacer porque te haces mayor, porque la relación ha perdido emoción o para encontrarle sentido a la segunda mitad de tu vida.
Estamos hablando de traer una persona al mundo, criarla, cuidarla y responsabilizarte de ella durante años. Precisamente por eso, los hijos deberían tenerse cuando se desean, no «aunque no te guste».
Me parece estupendo que él haya descubierto que ser padre es lo mejor que le ha pasado. Lo que me parece alucinante es recomendar la paternidad como si fuera una experiencia obligatoria que todo el mundo debería probar.
Además, este discurso vuelve a colocar a las personas que no quieren tener hijos como seres incompletos, egoístas o condenados a tener una vida vacía y aburrida. Y ya está bien.
No tener hijos también puede ser una decisión consciente, responsable y completamente válida. De hecho, bastante más responsable que tenerlos sin querer porque alguien te ha dicho que «hay que tenerlos».
¿Qué opináis? porque yo no doy crédito a este señor