Pues nada, aquí estamos para contar historias graciosas protagonizadas por los peludetes de la casa, ¿no? Yo tengo varias, pero voy a contar un par. La primera es, mi perra, todavía cachorrilla y recién llegada el día anterior a la casa del refugio. Como estaba con la dentición, necesitaba tener a mano cosas para morder. Pues yo no me di cuenta, ya que soy súper desordenada y despistada, de un cinturón que había dejado colgando de la silla de mi habitación, y cuando desperté, la sorprendí destrozándomelo. 😂😂😂
La otra es, en un viaje que hicimos a Valencia, ya que tengo familia allí, el verano siguiente a la pandemia. Hacía unos días que había sido el cumple de mi tía, así que decidimos regalarle un par de cuadros pintados por mi madre y yo. El mío era un lienzo, así que 0 problemas para ponerlo, ya que como supongo que sabréis, no hay ni que enmarcarlos ni nada. Ahora, el que hizo mi madre era una acuarela, o sea, papel. Y claro, a estos sí que hay que ponerles marcos o cristales. Pues llegamos ese día, y mientras mis padres dejaban y sacaban las cosas de las maletas, mis primos (hijos de esta tía y su marido, que murió justo recién acabada la cuarentena aquí en España, y por eso no lo incluyo aquí) nos pasaron a recoger a mi hermano y a mí. Yo llevaba los dos cuadros estos en cuestión en una bolsa.
Pues coge su perro, que era/es bastante grande, se me pone a dos patas, y me tira la bolsa al suelo. Repito, el que había hecho yo era un lienzo, así que a ese no le pasó nada, pero el de mi madre era una acuarela, e iba cristalizado. Pues adiós cristal. 😅
