Me casé muy jovencita, con 19 años. Estaba embarazada de mi hija y yo ya quería independizarme de casa de mi madre en dónde tampoco estaba bien, así que, se me presentó la ocasión de salir de esa casa a base de biberones. Mi hermana con la que me llevo un año y nos habíamos criado casi como gemelas, se alegró mucho a sus 18 añitos de ser tía ya que se llevaba muy bien con mi marido, compartían carrera universitaria, aficiones y chistes malos. Yo lo veía con ternura, las dos personas que más quería se llevaban tan bien que me parecía perfecto.
El embarazo fue genial y tuve a mi hija recién cumplidos los 20. Todos se pusieron muy contentos, sobre todo mi hermana y el padre de la criatura que se empeñaban en sacarse fotos ellos dos solos con la bebé. A mí me parecía normal, ya que era la primera sobrina, nieta, bisnieta y todo de lo que se podía ser la primera.
A mí me sobrepasó la situación de ser madre tan joven. Tuve depresión postparto. Estuve bastante mal, tanto, que se tenían que turnar entre mi madre y mi hermana para cuidar a la bebé junto al joven padre. Eso incluía las noches también. Poco a poco me fui poniendo mejor, pero seguía manteniendo la medicación y cuando la niña ya tenía un añito, superé la depresión y pude volver a ser la misma. Durante ese año yo cuidaba de mi hija después de los primeros meses mas duros, pero mi hermana se seguía quedando por las noches para ayudar.
Yo la veía con mi marido y empecé a sentir algo raro en aquellas miradas de complicidad, esos toques de más, esos abrazos cuando se iba o volvía…….pero me decía a mi misma que siempre había sido así. Incluso él le daba masajes a ella delante mío ya que tenía muchas contracturas en la espalda.
Una noche en la que mi hermana se quedaba a dormir en casa, pusimos una película, ya que la niña estaba dormida. Al rato de empezar yo me iba quedando dormida, así que les dije que la terminaran ellos, que yo me iba a dormir. Me fui a mi cama y me dormí.
Sobre las 2 de la mañana me desperté porque no noté a mi marido acostado en la cama y me levante hacía el salón a ver si se había quedado con la niña o algo.
Lo que vi me dejó en shock. Mi marido le estaba dando un “masaje” a mi hermana. Pero no un masaje cualquiera, uno bastante especial. Ella no tenia camiseta y él le frotaba los pechos y se los lamía como un helado. En ese momento se me cayó el mundo encima, empecé a gritar como una loca (hasta los vecinos llamaron a la policía) y eché de allí a mi hermana llamándola de todo y a él por supuesto también. Esa relación tan especial que tenía con mi hermana se había acabado. Me había traicionado donde más me dolía y después me enteré que llevaban años así. Ellos decidieron seguir juntos en una relación mientras yo volvía al pozo de la depresión y me fui a vivir con mi madre. Para sorpresa de nadie, solo duraron unos pocos meses en dónde mi todavía marido me pedía perdón y volver juntos. Nunca volví con él, nunca más hablé con mi hermana.
Han pasado 10 años ya pero yo lo recuerdo como si fuese ayer.