Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
«No es amor, no es amor… es una obsesión» dice la famosa canción.
Mil veces he oído decir que los hombres «piensan con la poll* » pero ojito, nosotras también, pero con el coñ*.
Y es que por mucho que queramos ir de rompecorazones, siempre nos acabamos estrellando. Expongo la situación:
Sales de fiesta con tus amigas y como no soléis juntaros mucho para salir sin el resto del grupo (chicos) esa noche vais a arrasar, o al menos tú así lo quieres porque andas más cachonda que una mona y estás dispuesta a tirarte al primero que te diga un piropo.
Empiezas a mirar qué «ganado» hay y a medida que pasa la noche entras en modo SOS (ese o ese) que se acentúa gracias a las copas.
Hay muchos guapos que están buenos pero ninguno parece receptivo a un pibón como tú, porque esa noche te has puesto sexy y llevas la actitud por dentro también.
Entonces acabas hablando con un chico bastante normal al que has pisado sin querer porque estás ya dándolo todo con el perreo, y os ponéis a hablar.
Él también va un poco achispadillo, pero se le ve majo y guapete, notas una química que no sabes si es el alcohol o la calentura, pero acabas pegada como una lapa a su cuerpo, compartiendo saliva y lujuria.
Y claro, no vas a dejar a tus amigas colgadas para irte a darle al mambo con ese chaval que te está poniendo loca, así que te presenta a su amigo, el cual intenta ligar con tus amigas, no consigue nada, pero la noche acaba con vosotros dos metidos en el coche en un sitio apartado dándole a la mandanga.
Ojo cuidado que el chaval folla como una bestia… te corres una, dos, cuatro veces y el tío sigue como el conejito de Duracell pero a tí te viene genial porque estás totalmente desbocada y deshinibida.
Repetís al día siguiente pasada la resaca, y al otro, y al otro, empezáis a veros para pasear, cenar, pero todo acaba siempre en el asiento de atrás.
Él no te suelta ni a tiros. No debe tener mucho dónde escoger y tú sí, pero no recuerdas a alguien mejor que él en el sexo, y además es majo.
Empezáis una historia seria, pero a los seis meses te agobias.
Te agobias porque te das cuenta de que quitando el rato previo o posterior al sexo, no ves que pueda aportarte nada más que pasar el rato pero… no le dejas.
No le dejas porque estás encoñada pero crees que es amor según va pasando el tiempo.
No acaba bien, porque a él le pasa lo mismo. No os soltáis por tener sexo seguro y en la cama os las gozáis los dos pero fuera… os lleváis bien, os contáis vuestras cosas pero sientes que falta algo.
No te ves con él teniendo hijos ni casándote porque en realidad, no ves esa vida con un tipo como él, a sabiendas de que lo que tenéis no es lo que la gente cree.
Con el tiempo se va creando una grieta entre los dos… una grieta por donde desaparecen todas las promesas (tuyas y suyas) y empieza el final.
Como no le amas eres cruel en la ruptura, y él también.
Familias y amigos por medio, ese nudo perpetuo en la garganta por no haber sabido pararlo a tiempo.
Chicas, no os dejéis llevar… no somos sólo un cuerpo ni cartas de una baraja para jugar cuando te aburres.
A veces los sentimientos se confunden y llega la tragedia, pero se pasa, puede tardar … pero se pasa.
