Tengo 20 años y me siento enamorado de mi novia. Me encanta ella, su cuerpo, su pelo, su risa, sus valores. Coincidimos en la manera de ver la vida y tenemos planes de futuro que me ilusionan mucho cuando lo pienso. Pero tengo un problema que me cuesta confesar, y es que me aburre. Sé que suena feo, y me siento fatal por hablar mal de ella en cierta manera y además de forma pública, pero es que no sé qué hacer. Tengo con ella muchas de las cosas que necesito en una mujer, y comprendo que nadie es perfecto, pero me pregunto cómo es de importante, para una vida futura juntos, el tema del aburrimiento.
Habla poco, ésa es la verdad, pero es que cuando habla, no me interesa una mierda lo que me dice. Tengo la impresión de que tiene una forma de ver la vida un poco superficial. Es como si se quedase en la superficie de todo y no rascara mucho. Muchas veces le pregunto su opinión sobre temas controvertidos y me doy cuenta de que no se atreve a mojarse. En cambio, cuando yo doy primero el paso y opino sobre ello, se suma a mi opinión como si no pudiese decidirlo por ella sola u oponerse a mí. A ver, que en otras cosas sí se opone, no es que precisamente se haga siempre lo que yo digo en nuestra relación, porque carácter tiene, pero la sensación que tengo es como que ningún tema de importancia a ella le resulta lo mínimamente atractivo.
Después cuando salimos, es la típica que se aísla sola, que no hace por incluirse en los grupos, sino que coge su coca cola y se pone en una esquina con cara de circunstancias. Y yo, que hablo hasta con las piedras, siempre me veo forzado a intentar no dejarla sola y al final consigue de alguna manera apartarme a mí. A eso le sumamos que me juzga, porque si por ejemplo yo bailo o cuento chistes o hago el payaso, a ella le da como una especie de pudor y lo pasa mal, de forma que me doy cuenta de que consigue que yo no termine de ser yo mismo por miedo a que se me mosquee o hacerla sentir incómoda.
Cuando estamos solos es ya tremendo, porque entre que habla poco como os decía, y que sobre todo de lo que habla es innecesario, siento un cierto vacío en su compañía. Es un huevo sin sal.
Hace poco estuvimos unos días de escapada de fin de semana y la verdad es que no veía la hora de volver a casa. Le pregunto donde comemos y le da igual, le pregunto qué quiere comer y no sabe, le insisto y siempre me dice que le da igual, que lo que yo le diga. Le abra el melón que le abra, la conversación muere a los cinco minutos… no es divertida, no sé. Como decía al principio ella me gusta, tiene muchas otras características que me parecen muy importantes para la futura madre de mis hijos, pero me da miedo irme a vivir con ella y que el aburrimiento que siento vaya a más. Me falta alegría, frescura, ganas de hacer cosas, sangre en las venas. En la cama ni os cuento. Sosa no, lo de después. Y yo con este plan obvio que no me atrevo a proponerle mucho.
Me da pena porque sé que se esfuerza. Alguna vez le he dicho que me enerva mucho que sea tan tibia y que necesito un poco más de empuje por su parte. Suele reconocerlo y decirme que va a intentar cambiarlo, aunque la cosa es que no lo consigue y me sigue resultando un peñazo pasar tiempo solos si no es para ver una peli o para hacer algo que implique estar ocupados.
Si se trata de tener que divertirnos juntos, voy listo.
