Estoy bien jodida. Hace poco me separé de mi pareja; vivíamos juntos en un pisito muy cuqui y entre los dos podíamos pagar el alquiler sin problema. Pero desde que me separé, la búsqueda de casa ha sido una verdadera tortura. Al principio, ilusa de mí, estuve mirando pisos enteros. Pronto tuve que descartar esta posibilidad, porque ni el zulo más enano me podía permitir. Así que pasé a la búsqueda de habitación en piso compartido. Desde luego lo que no quería era volver a casa de mis padres, una ya tiene una edad y un bagaje.
La mayoría ofrecían habitaciones enanas, casas asfixiantes, cuartos sin ventanas, o cuando tenían unas condiciones mínimas para la vida los precios eran desorbitados. Me estaba desesperando. Por fin, encontré una habitación bastante decente, por un precio más o menos razonable. No era lo ideal, pero se ajustaba a mis necesidades más que el resto. Allí me fui a vivir. Conocí a mis compañeras, muy majas, y a mi casera, no tan maja. Pero es que además resulta que vivía debajo de mi casa. Para que lo entendáis, el portal tiene cuatro plantas, pues ella vive en el bajo y tiene los tres pisos de encima. Vamos, que no se pierde nada de lo que hacen sus inquilinos. Además, el piso que yo alquilé era el primero: justo encima del suyo.
Cuando alquilé la habitación, mi casera me dijo que no podíamos meter a nadie a vivir con nosotros, que si se quedaba alguien tenía que pagar un suplemento, porque esa persona consumiría agua al ducharse y esto no era una pensión. Me pareció un poco raro, pero tampoco le di muchas vueltas, tenía ganas de conseguir casa. Así que seguí con mi vida tan ricamente, me gustaba la zona y estaba a gusto en casa.
Una noche salí con mis amigas y ligué, él vivía con sus padres y no íbamos a pagar un hotel teniendo yo casa, así que nos fuimos para allá. Pasó lo que tenía que pasar y el chico se fue. Yo no pensé que esto fuera nada extraordinario, pero al día siguiente, cuando estaba saliendo del portal apareció mi casera y me echó una bronca que me quedé tiesa. Me tildó de irresponsable, de no cumplir el contrato, le faltó llamarme puta, yo no sabía dónde meterme y además me cobró lo correspondiente a un día por el rato que estuvo mi ligue en casa.
Flipé en colores. Pero no tenía otra opción que seguir en esa casa, así que a partir de entonces cada vez que ligaba nos teníamos que buscar las mañas como adolescentes, porque mi casa estaba vetada. Lo hablé con mis amigas y releí el contrato. Efectivamente, había una cláusula en la que ponía que si alguien se quedaba a dormir tendría que pagar lo correspondiente a un día. Abusiva lo mires por dónde lo mires, pero estaba firmada, así que había que acatarla. De todas maneras no me parecieron de recibo las maneras que tuvo ni cómo me trató. Pero bueno, ya sabía a qué atenerme.
Pasó el tiempo y, aunque odiaba a muerte a mi casera, y a veces cuando la escuchaba me sentía como Raskolnikov en Crimen y castigo, en general estaba bien y se me fue pasando el miedo.
Un día, una amiga me escribió a las 11 de la noche, había discutido con su familia y no tenía dónde dormir. Era conmigo o en la calle, porque había salido con lo puesto. Yo le dije que claro, que no había problema, le pagaría a mi casera lo correspondiente por la noche y listo. Como era tan tarde no quise molestarla, así que bajé al portal y metí en un sobre en su buzón el dinero y una nota explicándole la situación. Luego llegó mi amiga y estuvimos toda la noche hablando de sus problemas. Por la mañana, a primera hora llamaron a la puerta: era la casera con el contrato en la mano y con un señor que hacía de limpiador/segurata que venía a decirme que me daba hasta la tarde para irme de su casa. Le expliqué lo del buzón, me dijo que lo acababa de mirar y allí no había nada, que estaba harta de mí y que ya me lo había advertido anteriormente, que era una fresca y no merecía vivir en su casa. Y me echó, con mi amiga delante y mis compañeras acojonadas detrás de la puerta, flipando.
Así que así me encuentro, sin casa, viviendo de prestado donde una amiga y volviéndome loca otra vez en el mercado inmobiliario. Desesperada es poco. A partir de ahora me fijaré muy muy bien en todas las cláusulas de los contratos y bajo ningún concepto se me ocurrirá alquilar una casa encima de mi casero. He aprendido la lección. He pensado en denunciarla, pero no sé si la cosa llegaría a algo…
