Estoy de vacaciones en Gandía con mis colegas, y dos de ellas están a dieta. Oye, que me parece genial, cada uno con su cuerpo hace lo que le da la gana. Pero es que me están empezando a amargar el viaje con sus comentarios sobre lo que el resto comemos o bebemos.
Vamos a ver, que estamos de vacaciones ¿no? ¿No se supone que son para disfrutar y relajarse? Pues ellas no paran de decir cosas como «eso tiene muchas calorías» o «eso engorda un montón». Y yo estoy aquí pensando: «¿Y qué más da? ¡Estamos de vacaciones, joder!»

No sé, chicas, igual soy yo la que está siendo insensible aquí. Pero es que me parece que están llevando su dieta al extremo y están arruinando un poco el buen rollo del viaje. Si me quiero desayunar dos phoskitos es mi problemaaaaaaaaaa