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Hace unos meses entró a trabajar a la cafetería donde voy a desayunar a diario, un chico de unos 38-40 años, no tenía más. Era visible que había estado en el sector bastante tiempo, pues los cafés los hacía deliciosos y siempre me hacia dibujitos en la espuma del café, hasta que de un tiempo acá me percaté que todos los días dibujaba corazones, hasta que en el sobre del azúcar me apuntó su número de teléfono, el cual guardé con disimulo en el bolso.
En la noche, cuando llegué a casa, me di un baño y me relajé, di de comer a mis compis gatunos y me senté tranquilamente a ver una serie de Netflix, en ese momento recordé el sobrecito de azúcar y corrí a buscar el número. Le escribí un WhatsApp y comenzamos ha hablar, me pareció super interesante, era inteligente y atrevido en sus respuestas. El caso, es que al día siguiente cuando fui a desayunar me pidió salir a tomar algo el fin de semana cuando librara y acepté.
El resto de los días hasta la cita seguíamos hablando y la verdad me fui haciendo expectativas muy altas sobre él. La verdad es que todo parecía encajar, antes de la cita, me arreglé a conciencia, llevaba meses a dos velas y la cita tenía probabilidades.
Me llevó al gastrobar de un amigo, me contó de su vida, que por las mañanas trabaja en la cafetería y por las noches en la cocina de un restaurante y que la cocina es su pasión, se notaba, porque todo lo que eligió de la carta estaba buenísimo, incluso opciones que a mi no se me habían pasado por la cabeza.
Como buen caballero después de la cena, vinos y algún coctel raro me acompañó hasta mi casa dando un paseo y eso me gustó. En la puerta, se despidió cordialmente y se marchó. Nada más llegar a su casa, me escribió para decirle que le encantaría repetir la cita, pero en esa ocasión él cocinar. Me gustó la idea porque ningún hombre me ha cocinado nunca, así que accedí sin pensármelo.

En la siguiente noche que tuvo libre, se presentó en mi casa temprano con una bolsa del super con una compra generosa, entre ellos buen vino.
Como lo vi tan concentrado y yo no había tenido tiempo de arreglarme, le dije que estaría dándome un baño, para ver si la cosa se iba animando, pues hasta entones, no había hecho la más mínima intención de tirar los canes. Me sonrío y desaparecí.
Casi una hora después, salí con un vestido ajustado y me encontré la mesa puesta, todo tenía una pinta tremenda. Nos tomamos una copa de vino en la terraza mientras lo que había en el horno llegaba a su punto de asado. Ahí comenzó el juego con un primer beso, la verdad es que me encantó el buen rollo.
Rato después, nos sentamos a la mesa y me iba explicando como preparaba las recetas, las fusionaba y demás, me gustaba escucharlo hasta que en un descuido bostecé. Me preguntó si estaba cansada y le dije que no, entonces, aburrida susurró, y enseguida captó la directa, le dije que saliéramos de nuevo a la terracita para que nos diera el aire, no habíamos llegado cuando me agarró de la cintura y comenzó a besarme la espalda, la cosa prometía y nos quedamos en el sofá. Después de unos preliminares muy calientes empezó el desfile de ropa, su camiseta, por un lado, mi vestido por otro, en fin, que me coloqué a horcajadas sobre sus piernas para mayor comodidad, me gusta dominar.
El caso es que todo iba sobre ruedas hasta que me dio la vuelta y me arrancó las bragas, me gustó esa acción me ponía cachonda y mucho más cuando bajó a mi vagina y comenzó a lamer con desesperación, aunque no atinaba con el clítoris y para mi sorpresa decidió introducir su dedo medio dentro de mí. Acarré su muñeca como señal de prudencia, pero no se detuvo y entre que no atinaba con el clítoris, y que comenzó a meter y sacar el dedo de forma brusca, su cara se transformó, él sentía placer y lo peor es que pensó que me lo estaba dando a mi tambien, así que, lo detuve. Le pedí que parase pues mi vagina no era la campana de una iglesia a la que aporrear de esa forma. Él me respondió, que a las mujeres les gustaba eso. Me incorporé y le dije que me hacía daño con esa brusquedad.
Me pidió disculpas y me dijo de ver una película, pero la verdad no me apetecía ver nada en la tv, así que le agarré la mano y lo llevé a la cama, donde le enseñé como se le da placer a una mujer.