Si alguna vez tenéis que dar un parte al seguro, primero de todo, calmaos. Respirad hondo, comprobad que tenéis todos los datos-papeles que precisáis y guardad la calma. Es lo mejor para evitar que pasen cosas como estas:
¡Me han echado casquetes en el coche! “¡Dejé mi coche aparcado junto a una obra, y los obreros se han entretenido en echarme casquetes en él y lo han dejado hecho un asco!” Como suena. Claro, la señora quería decir CASCOTES, que también culpa suya por dejar el coche aparcado donde había una señalización maravillosa de “PROHIBIDO APARCAR”, pero ella debió leer “PROHIBIDO APARCAR salvo tú, preciosa, resalá, ¡pon aquí tu coche, que verás qué bien!”, pero estaba nerviosa y dijo “casquetes”, y tan ancha se quedó. El chico de atención al cliente que me pasó la llamada estaba literalmente llorando de risa y me advirtió de esto justo para que yo fuese sobre aviso y no soltase la carcajada.
¡Me han dado por detrás y me han reventao la parte trasera! Otro caso claro de nervios y no calibrar los dobles sentidos antes de formular una frase. Os sorprenderá, pero esto es mucho más común de lo que parece. En este caso concreto, el propio señor guardó silencio dos segundos, pude oír los engranajes de su cerebro acoplándose y él mismo empezó a reírse sin poder parar.
¡De mi ducha llueve caca! Vale, esto no había forma de decirlo de otra manera. Se puede uno poner exquisito y decir “están cayendo residuos fecales” o similar, pero la realidad era la que era y si tenemos en cuenta que la pobre señora nos llamaba después de comprobar empíricamente la gravedad del caso (vamos que había intentado ducharse y le había caído encima lo que viene siendo el cocido de ayer del vecino… la pobre), pues tampoco le vamos a pedir que se exprese en punta de tenedor. Bastante que dijo “caca” y no algo peor.
Es que me he acordado de que me han robado más cosas. Partes de robo: en cuanto el cliente se entera de que se le cubren hasta Xcientos (o Xmil) euros, mágicamente el robo de la medallita de la Primera Comunión mediante un tirón en el autobús, se convierte en que le sacaron una navaja con SIDA y le quitaron la medalla, el anillo con una esmeralda, el Rolex de oro macizo, el Iphone último modelo y un bocadillo de jamón Cinco Jotas con caviar iraní que llevaba para la merienda. Os diré: no lo intentéis, esas cosas no cuelan.
No se lo va a creer, pero me han tirado una maceta. Hijo, si yo te contara las cosas que he oído… te lo garantizo: yo me lo creo todo. A este pobre señor se le ocurrió regañar a un MARRANO que escupió a su coche desde el balcón. Y el regañado, por toda respuesta, cogió una de las macetas de la terraza, se le lanzó y le reventó el parabrisas. A nuestro cliente le sustituimos el parabrisas y cuando al regañado le llegó la demanda por responsabilidad civil, todavía quiso hacerse el sueco y aludir a que era débil mental e inimputable. Como dijo el perito: lo de “débil mental” vamos a dejarlo en “gilipollas”.
Y la mejor:
Me han destrozado el piloto trasero y me han dejado una nota en el parabrisas que dice “no pienso dar parte al seguro y que me cobren más, pero como la gente está mirando, finjo que te dejo mis datos. Mala suerte, amigo”, ¿no podéis averiguar quién es?”. Claro que sí, corazón, ahora mismo aviso a Sherlock Holmes para que analice esa nota y damos con el hombre malo enseguida, ¿vale? Tómate la leche calentita con galletas y vete a la cama, mi vida, que esta noche pasarán los Reyes Magos.
Delice.
