Buenas. Voy a soltar esto aquí porque no se lo puedo contar a nadie en la vida real.
Llevaba semanas sin lavar la ropa porque mi lavadora está rota y mi casero es un pedazo de cabrón que no contesta. El jueves metí todo en bolsas de basura y me fui a la lavandería de mi calle en chándal y crocs porque no me quedaba otra. Metí todo en las máquinas, 29 minutos en pantalla, me senté.
Y entonces vi la máquina de café. De esas viejas con botones amarillos. Llevaba sin desayunar así que metí las monedas y me bebí uno de esos cafés negros asquerosos que saben a quemado.
Error de mi vida.
A los diez minutos mi cuerpo me avisó de que había que solucionar algo urgentemente. Miré alrededor. Las lavanderías no tienen baño. Eso no lo sabía antes, lo sé ahora.
Salí a buscar. El bar de enfrente cerrado. El locutorio de al lado solo para clientes y yo sin dinero porque las monedas las había gastado en el puto café. Mi casa a cuatro minutos.
Empecé a andar con toda la delicadeza del mundo.
No llegué. En una cuesta a mitad de camino, pasó lo que pasó. Delante de una señora con carrito y un perro que se me acercó a oler. El dueño tiró de la correa sin mirarme, que fue lo más amable que hizo nadie por mí ese día.
Llegué a casa, me duché, tiré el chándal a la basura dentro de una bolsa anudada, y volví a la lavandería en bañador, unos leggings arrugados y una camiseta de Melendi del 2018.
La señora de dentro me miró de arriba abajo. Meti la ropa que llevaria ya un buen rato en la lavadora parada, me volvi a casa con la ropa limpia, un chandal menos y sin dignidad.
