Mi familia paterna y yo siempre hemos tenido una relación tensa. Todo empezó cuando mis padres se divorciaron, por aquel entonces yo tenía 20 años y mi hermana 14. Solíamos veranear en el pueblo de mi abuela y, desde entonces, todo cambió.
Mis padres acabaron a malas y tanto yo como mi hermana dejamos de tener relación con nuestro padre, pero mi abuela quiso mantener el contacto e instaló en su casa una cama para que mi hermana pasase las vacaciones de verano con ella (mi hermana, no yo). Según ella, yo ya era mayor y tenía mi propia vida, así que ella siguió pasando los veranos en nuestro pueblo de toda la vida y yo vivía con mi madre en la ciudad porque mi abuela en su casa no tenía espacio para mí.
Pasaron los años y la relación siguió igual. Ella era una persona mayor y a mí me sabía mal cortar la relación, así que seguía yendo a visitarla a menudo, aunque la única que pasaba en su casa las vacaciones era mi hermana. Cuando yo me casé no vino a mi boda, según ella, porque como yo no invitaba a mi padre ella tampoco vendría. Y, cuando nació mi hija, aún estoy esperando a que me llame para preguntar por ella.
El caso es que yo con esta mujer he tocado fondo y, ahora, la que se casa es mi hermana y, aunque ella tampoco ha invitado a mi padre, mi abuela ya le ha dicho que sí que asistirá. Ahí he petado. Creo que todos tenemos un límite y esta señora conmigo se los ha pasado a la torera. Ya tuve una discusión con mi hermana y le pedí que no la invitara después de lo mal que se había portado conmigo, pero, como ella ha sido siempre su ojito derecho, me dijo que la quería invitar.
Ahora me he negado a ir a la boda de mi hermana si va ella. Todos tenemos un límite y no me apetece tener que compartir espacio vital con ella cuando yo y ahora mi hija hemos sido para ella un cero a la izquierda. ¿Esto siendo exagerada o tengo razón?
