Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
Todas mis amigas me han hablado siempre de lo maravilloso que es el satisfyer. A algunas se lo regalaron sus parejas y lo usan solas o con ellos y dicen que, desde que lo tienen, sus orgasmos han alcanzado niveles estratosféricos.
Me picó la curiosidad y se lo comenté a mi novio para comprarlo juntos y experimentar con él, pero le pareció una idea terrible. Me preguntó que si con él no tenía suficiente y que veía una falta de respeto que lo sustituyese por un vibrador. Así que dejamos el tema y no se lo volví a comentar más.
El caso es que un día vi por internet una oferta y decidí comprármelo sin decirle nada. Nada más llegó, aproveché que él no estaba en casa para probarlo y ¡ou mama! Niveles estratosféricos es poco para definir cómo fue aquella experiencia religiosa con el dichoso aparato. Prácticamente me volví una adicta y aprovechaba cada vez que él no estaba en casa para utilizarlo.
Pues bien, una tarde, creyendo que iba a tardar más en volver a casa, me dediqué a darle a la mandanga y no escuché que él entraba en casa. Os podéis imaginar que me pilló en plena faena. Me cagué en todo no tanto por que me hubiese pillado si no porque me cortó todo el rollo, estaba a punto de venirme. Y, además, tuvimos una buena bronca.
Me dijo que estaba súper cabreado, que le había decepcionado, que jamás superaría que le hubiese sustituido y que se le habían quitado todas las ganas de follar conmigo. Yo me quedé a cuadros y decidí quitarle hierro al asunto, pero él estaba indignadísimo. Desde entonces no me habla y ya no sé que hacer para que se le pase el cabreo, le he dicho que no lo usaré más, le he pedido incluso que lo guarde él, pero ni por esas. ¿De verdad me he pasado tanto o es él que tiene una mente demasiado cerrada?
