Probablemente haya decidido sacar esta anécdota a la luz en este foro porque en este momento necesite reírme de ello (con bastante cinismo) y que los demás lo hagan conmigo, un poquito. Ah, y también para que contéis si os ha pasado alguna vez! Me da que va a resultar más habitual de lo deseable…
Es una escena muy típica: sábado noche, garito medianamente alternativo, gordibuena con rollazo rocker (quicir, yo) a la que le apetecería pasar una buena noche después de la última racha que lleva: los dos últimos tíos que le gustaban han huido con sus nuevas novias hacia las bondades de una relación seria.
Además, que ya es hora de dejar un poco de lado Tinder y romper barreras mentales, miedo al rechazo y vergüenzas atávicas que acumula desde que era la niña gordita con gafas. Ahí es cuando ve entrar a un tipo grandote, bien de barba y bien de peludo (no puedo evitar acordarme de aquel artículo) con trazas de rapero pero tampoco tanto. Así que le pregunta a la camarera qué bebe el tipo aquel y pide dos de lo mismo, le saluda con la mirada levantando la cerveza y el tipo se le acerca. Hablan, es majo, hay buen rollo. Coño, cómo mola este tío! Tiene inquietudes. Un par de horas charlando y llega la hora de besarse. ¿Qué hacemos todavía aquí? Vámonos a mi casa, dice la gordirocker. Sin miedo a equivocarse, afirma que el aspirante a rapero es un empotrador de manual, pero ella no acaba porque necesita su tiempo y hacerlo ella misma. Cada cuerpo es un mundo, qué le vamos a hacer. Pero él ya ha acabado, se enciende un cigarro, habla con ella y la besa. No sé, está bien, es atento; ella le recuerda que quiere colaboración para acabar de pasarlo bien. Entonces suena el móvil de él y lo coge, claro. Sorpresa: una amiga se ha quedado tirada y tiene que ir a recogerla para llevarla a casa. «Me tengo que ir, ahora vuelvo», dice mientras se viste a toda prisa.
La gordirocker le cree, le vuelve a dar su dirección por si acaso no sabe regresar, no le da su número porque ¿para qué, si va a volver luego? Había surgido química sexual, creía. Pese a todo, en cuanto le cierra la puerta, sabe efectivamente que el aspirante a raper ha salido por ella, pero que no va a volver a entrar. Y aún así, le espera una hora mientras se muerde las lágrimas por haber sido tan imbécil otra vez, por volver a pensar bien de un desconocido antes que mal. Total, al final se duerme. Era el remate a un día de rechazos. A la mañana siguiente quedan la rabia por haber sido tan panoli y la frustración porque el tipo le había gustado.
No es una historia especial, ni con una enseñanza vital trascendente… Pero vaya mierda de noche! Buscas pasar un buen rato un sábado para intentar evadirte de todo lo que cargas a las costillas y resulta que acabas con otro clavo entre ellas. Gracias por leer, gente WeLoverSize ;)