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MI ÁNGEL DE LA GUARDA SE VA A PEDIR LA BAJA.
Muchos dicen que tengo mala suerte, pero yo diría que tengo mucha. Es eso o que mi ángel de la guarda se va a pedir la baja.
Desde siempre me ha gustado viajar, ya sea sola como acompañada, lo importante es salir de casa. El problema es que SIEMPRE pasa algo, aunque nunca realmente a mí. A veces pasan cosas lights, como que tengo que ir de Baleares a Galicia y por una tormenta acabe en Faro y de ahí tener que ir en autobús hasta Vigo. Aceptable, cosas que pueden pasar.
El problema es que a veces la situación se complica, y me remonto al 2004 en una pequeña escapada a Madrid. Nuestro hotel tenía un buffet de desayuno espléndido y lo di todo en el desayuno. Tanto comí que me dio una diarrea descomunal. Mis amigas dijeron de correr que podíamos llegar todavía al tren, pero algo me decía que ese día lo pasaría cerca del retrete. Mis amigas salieron casi una hora tarde tratando de esperar por mi, pero finalmente acordamos que se fueran ellas y, si podía, ya me uniría yo después según el recorrido del planning previsto. Un par de horas más tarde llegaron desencajadas. Era un 11M.
En el 2010 nos fuimos de viaje pre Navidad a Egipto. El Cairo, las Pirámides de Giza… y comienza la Primavera Árabe. Nos pasamos parte de las vacaciones en un búnker. Por suerte facilitaron la salida de extranjeros a sus países de origen.
Año 2018, me voy con mis hermanos de viaje a Filipinas. Todo idílico. Infinidad de paseos, cocos y masajes casi cada día. En el hotel nos avisaron de que vendría un tifón y tuviésemos cuidado. Le dimos importancia, pero quizás no la suficiente. Tifón Paeng. Vimos como los árboles se partían, los edificios se derrumbaban y las calles estaban inundadas. De nuevo conseguimos salir.
Yo solo pensaba como podía subirle el sueldo a mi ángel de la guarda.
Año 2019, venga algo tranquilito, una rutita Venecia – Florencia – Pisa. Nos despertamos con el sonido de las sirenas y en mi mente sonaba “Un resplandor y hace ¡PUM! y digo, ya está aquí la guerra”. Bajamos al rellano del alojamiento y el agua ya estaba entrando. Efectivamente. La mayor subida en los últimos 50 años y me toca a mi. Era eso o que la torre de Pisa ya se cayese del todo. Tuvimos que comprar unas botas que nos llegaban hasta la ingle para, literalmente, salir del paso. Adelantamos unos días nuestro viaje a Florencia y conseguí salir victoriosa una vez más.
Año 2020, marzo. Sinceramente creo que nada más que añadir. Me cogió en Turquía, por lo que la vuelta a España fue un verdadero y absoluto caos, sumado al cambio de idioma.
¿Quien nos iba a asegurar un confinamiento español-europeo-mundial?. En fin, prueba de coronavirus en un Hospital de dudosa fiabilidad, una acreditación de la embajada, y 3 mascarillas una encima de la otra para asegurar la falta de contagio (y la falta de respiración). Al llegar a Madrid el proceso de nuevo. Prueba de coronavirus y confinamiento obligatorio de 15 días. Que sí, que todos estábamos confinados, pero no nos permitían ni ir a la compra.
Y así fueron mis 5 experiencias más surrealistas en mi equipaje viajero. Lo peor de todo es que hay infinidad más, al menos, una por año desde finales de los 90.
Solo espero que mi ángel de la guarda no se pida la baja.
