A ver… como cuento esto para que no penséis que soy un monstruo.
Evidentemente cuidar el planeta me parece algo imprescindible, yo hago todo lo que está en mi mano por evitar el malgasto energético, pero escúchame, también hay que vivir en el siglo XXI y mi compañera quiere que volvamos a la época en la que no existía la electricidad.
Desde que ha llegado al piso hemos dejado de consumir carne, llevaba bastante tiempo queriendo dar el paso y el caos de que haya una persona vegana en casa lo ha puesto todo mucho más fácil y liviano. Sabe cocinar mil recetes riquísimas, hacer dieta equilibrada para que no nos falte de nada y las ganas de cambiar el mundo.
Hasta ahí todo bien, ahora que me escriba un MD super enfadada porque he salido a tomar algo con los del curro y ha visto que estábamos comiendo unas patatas fritas con queso… Que entiendo que desde su filosofía de vida es horrible, pero Joe, yo tampoco le he jurado amor eterno a nadie.

Igual está con el ‘0 waste’ que no caga, ayer me pedí una mochila nueva por Amazon y me dijo que no la necesitaba, que ya tenía una muy funcional. Y es como… vale, que sí, que ya tengo una, pero quiero una que sea para poder llevarme el portátil seguro a la biblioteca, que tampoco tengo yo que dar explicaciones vaya.
Nos pide todo el rato que apaguemos la luz, que las duchas cortas y que reciclemos, todo muy bonito al principio, pero después de tres meses es como… ¿¡ME PUEDES DEJAR VIVIR?!
De verdad que le he cogido mucho cariño y que es muy persona, pero todo tiene un límite.