Mi gran amor a distancia de adolescencia es un pedófilo y un pederasta. Y está libre. Sé que a día de hoy sigue hablando con crías por redes sociales así que, aunque sé que es mucho texto, voy a contar mi historia para hacerlo visible y pararle los pies.
En 2017, el verano antes de cumplir 14 años, tuve mi primer rollete de verano, con el que empecé porque me gustaba y ayudaría a disipar los rumores sobre que yo era lesbiana. Tras la ruptura, yo estaba destrozada. El curso anterior, yo había sido víctima de bullying por ser rara y fea, además de estar más gorda que el resto de chicas. Destrozaron mi autoestima, a tal nivel que comencé a autolesionarme (golpes en la tripa, en las costillas, cortes en los muslos…). Así que, como comprenderéis, la ruptura me había jodido la autoestima más de lo que ya la tenía.
Entonces me llego un mensaje de un número desconocido: ¿Por casualidad estás en amino? Lo recuerdo perfectamente. Respondí, ví que el número era argentino, que me había contactado a través de un grupo de whatsapp, y que el de la foto parecía mayor que yo, tal vez de diecisiete. Y ahí estaba yo con mis 13 añazos contestando el mensaje casi por cortesía a un desconocido de la otra punta del mundo.
De repente empezó a escribirme casi a todas horas. Yo seguía contestando, no quería ser maleducada. Resulta que mis gustos a la vista de todo el mundo en redes sociales también a él le gustaban, me proponía planes online como videollamadas o quedadas a través de avakin life. Yo tenía un amigo que me entendía, con el que tenía cosas en común, ¡por fin! No negué ninguno.
Cuando llevábamos una semana hablando me preguntó mi edad, me pidió fotos mías para ponerme cara. Él me dijo que tenía 24, aunque meses más tarde confesó que tenía 27, que se llamaba Balbino (Bal) y me enseñó las mismas fotos que tenía en su perfil en amino (que no eran actuales en absoluto). Como solo era mi amigo, no me importó su edad, aunque sí que me hizo desconfiar un poco, no le dejé de contestar los mensajes.

Cuando llevábamos hablando dos semanas me insinuó que le gustaría ser mi novio. Le dejé caer que no, que había demasiados años y demasiada distancia en medio. Él dio a entender que le había dolido mi respuesta, e insinuó algo similar pasados unos días, con la misma reacción por mi parte y por la suya. Seguimos hablando.
La tercera semana, tras mi 14 cumpleaños yo no me sentía bien conmigo misma. Al día siguiente era el cumpleaños de mi rollete de verano y le felicité, para que me dejara en visto, lo que me dolió en el alma, y comencé a hablar con Bal. Quería vengarme de la gente por haberme ignorado (recordemos que tenía 14 años) y le propuse jugar rol, donde me insinué un poco. Él, un chaval de supuestamente 24 años, no paró a una niña que se le insinuaba, sino que me confesó que yo le ponía, me mandó una foto completamente desnudo y me pidió que fuera su novia con un testamento de esos de película que, fuera del cine son todo manipulación al más puro estilo “sin ti me muero”. A mi yo de 14 años, con serios problemas de autoestima que no quería herir a nadie y que le gustaba que por fin alguien le prestase atención de verdad, le encantó, aunque le incomodase la foto. Acepté.
Era super cariñoso a distancia, era atento, parecía preocuparse mucho por mí y me decía a diario lo mucho que me quería. También me ayudó con mis problemas de autoestima, pero eso no significa que no se aprovechase de ellos. Sin que yo me diera cuenta, me manipulaba, poco a poco me fue quitando tiempo de estudiar para hablar con él, “es que eres una adicta al estudio”. Cuando se metían conmigo en clase me animaba pero me daba consejos que lo único que lograrían sería empeorar mis relaciones con mis compañeros (consejos que nunca seguí), me hacía creer que yo para él era imprescindible, que me quería, que quería un futuro conmigo y que yo le necesitaba.
Prometió venir a España para verme en muchas ocasiones, aunque siempre surgía algo que lo impedía. Me dijo que vendió su batería por mí, para ahorrar el dinero del viaje, que todo estaba listo, pero siempre pasaba algo, él se sentía super triste y me decía que tendría que posponerlo. Siempre me mantenía enganchada manipulándome con su pena de no poder venir, diciéndome que yo merecía algo mejor y fingiendo tener mis mismos problemas de autoestima. Yo me quedaba con él, trataba de ayudarle y le cogí mucho cariño, incluso llegué a enamorarme de la visión idealizada que tenía de él, a pesar de las cosas que me incomodaban, como sus comentarios sexuales la mayoría relacionados con mi edad y con tener la piel blanca. O que, en una ocasión cuando llevábamos muy poco hablando, me llamase masturbándose.
Duró más tiempo de lo previsto la distancia. En una ocasión me propuso llevar una relación abierta, “no quiero robarte las experiencias de adolescencia” decía. Yo tuve una especie de relación romántica con una de mis mejores amigas de entonces. No puso problema, aunque él nunca salió con nadie, pero no dudaba en reconocer lo cachondo que le ponía imaginarnos a mi amiga y a mí (dos niñas de 13 y 14 años) darnos la mano o darnos un pico. Por cuestiones ajenas a Bal, mi relación con esta chica se fue a pique, y volvimos a una relación monógama, aunque él siempre hablaba de lo mucho que le gustaría tener una relación de a 3 con alguna amiga mía, siempre de mi edad.
A los dos años del comienzo de la relación, uno de mis mejores amigos de aquel momento trató de hacerme una intervención, de conseguir que cortase con él. Yo me callé y le escuché, pero me puso tan mal cuerpo y me generó tanta ansiedad que mi gran amor de adolescencia fuese todo lo que mi amigo decía que no pude seguir. Trató mi amigo de nuevo de convencerme de cortar con Bal y yo acabé cortando relación con mi amigo (aunque en eso influyeron también otros temas).
A los tres años, ya en bachillerato, me empezó a gustar una chica de clase. Me traía loca, pero yo quería a aquella versión de Bal que me había montado en mi cabeza, que no conocía porque nunca vino. Nunca hice nada, nunca se lo confesé. Bal sugería que uno de los últimos días de clase le plantara un beso y me fuera corriendo, para calmarme las ganas y no tener que verla nunca más. Por supuesto, la idea de que me gustase una mujer también le ponía cachondo. Evidentemente no seguí su consejo.
Él siempre me proponía planes que me quitaban mucho tiempo de estudio, me decía que debíamos escribir para wattpad una novela, que debíamos formar una banda de música online virtual tipo hatsune miku… Y me hacía sentir culpable si las rechazaba o si no le dedicaba tiempo. “Adicta al estudio”.
El verano tras la evau comencé a sentir mucha atracción por mi mejor amigo. No les dije nada a ninguno. Bal me decía siempre que si me iba a estudiar sentiría atracción por otros chicos que conociera, que no le dejase.
Ya estudiando yo fuera, para variar, a él le cancelaron otro vuelo para venir a verme. Me propuso una relación abierta, en la que él no se acostó con nadie y supongo que esperaría que yo me enrollase con alguna chica y el pudiera verlo, pero yo en mi 18 cumpleaños le conté a mi amigo lo de la relación abierta y nos acostamos. Entonces empezó a ser de verdad celoso, “es que con un chico no es lo mismo”. Comenzó a poner sobre mí toda su confianza en sí mismo, a ser totalmente dependiente de mí, y a no confiar en mí nunca. Además de dejarme caer que no me sacaría la carrera en los años, que debía estudiar menos, que apenas hablábamos. Harta, le eché huevos y corté con él, aunque no dejamos de hablarnos como amigos, así que siguió manipulándome a su antojo.
Al poco tiempo empecé a enterarme de que muchas de mis amigas (incluso chicas que yo no le había presentado) recibían mensajes suyos, que a una con la que apenas hablaba de repente le insistió muchas veces en que fuera su novia, que le mandó nudes sin que ella lo solicitase. A la chica con la que yo tuve aquella especie de relación le tiraba los tejos constantemente, le pedía fotos y trataba de manipularla como a mí (siempre a la de menor autoestima se le “acercaba” más). Con algunas ya lo hacía antes, pero le evitaban, tras la ruptura comenzó a hablarles más y ellas contestaban creyendo que había cambiado, aunque ya se olían como era.
También nos enteramos de que hablaba con más adolescentes, la mayoría españolas. Cuando alguien le echaba en cara la diferencia de edad él siempre se quitaba responsabilidad diciendo “no, es que así se dieron las cosas, no es como que yo vaya a hablarle a chicas de 14 años, es que resulta que tienen esa edad”.
A todas nos hablaba igual, a todas nos manipulaba igual, como si llevase manipulando toda la vida. Ahora queremos poner una denuncia, aunque no sabemos si funcione. Si conoces a alguien que sepa de él, que hable con él, que vea sus videos en youtube o que lo siga en redes sociales, por favor, muéstrale este testimonio.