Llevamos un año y medio de culebrón, en agosto del año pasado mi hermana me contó que creía que su marido le era infiel, así que, para tratar de pillarle infraganti, le perseguimos por varios lugares y finalmente le pillamos cenando con una mujer, besándose y luego salieron juntos y entraron en un Hotel.
Yo me quedé abajo, pero mi hermana subió hasta la habitación para decirle cuatro cosas y luego le pidió el divorcio. Tras un par de meses en los que le suplicaba volver, finalmente decidieron firmar el divorcio. No tenían hijos y vivían alquiler, por lo que la separación no fue tan difícil en cuanto a burocracia pero mi hermana estaba hecha un asco porque seguía queriéndole y echándole de menos.
Creo que firmó el divorcio por la presión familiar nuestra, ya que ella cada vez está más convencida de que él merecía una segunda oportunidad porque se había arrepentido. En verano de este año nos fuimos de viaje juntas y me contó que él no dejaba de escribirle y que ella no sabía si darle otra oportunidad y yo flipaba en colores, después de todo el follón y de haberse divorciado no entendía cómo se le pasaba por la cabeza. Supongo que a mí dejó de contarme las cosas porque no la comprendía, pero hace dos días vino a mi casa con una botella de vino y me dijo que teníamos que hablar. Resulta que se han casado de nuevo hace una semana en el Ayuntamiento de un pueblo pequeño, con dos testigos, compañeros de trabajo y sin nadie más porque lo único que querían era estar juntos de nuevo oficialmente y si nos lo contaban nos íbamos a poner como locos.
Espero equivocarme, pero yo soy de las que piensa que cuando uno es infiel lo vuelve a ser, no creo que la gente pueda cambiar. ¿Vosotras creéis en las historias bonitas de segundas oportunidades? Yo la veo muy contenta y muy feliz, pero no me creo nada de todo esto y aún tiene que darle la noticia a mis padres que se van a poner como una moto.
